Informe sobre obras privadas
Anhelamos que esta información les permita reconocer a una familia promedio, de esas que esperan alguna vez ser tenidas en cuenta en vuestros programas de gobierno, sus preocupaciones y en su trabajo.
Algo colmados por la avalancha de anuncios oficiales sobre obras públicas realizadas y por realizar a cargo del Estado, queremos llevar a conocimiento de los gobernantes actuales algunos aspectos de nuestra gestión privada.
Somos una familia común; nada nos diferencia ni distingue.
Padre, madre y tres hijos que vivimos intentando cumplir con nuestras obligaciones pero sin publicitarlas, en contraste con ustedes, que apabullan con el alarde. Queremos equiparar la información porque estamos convencidos –aun nuestros hijos– de que no hay mérito en cumplir con las tareas para las cuales fueron elegidos, ni virtud en enumerar por los medios realizaciones que –asumimos– son de su natural responsabilidad.
A fin de conseguir un equilibrio comunicacional, aquí va lo nuestro.
Durante este primer cuatrimestre del año, hemos completado con éxito la obra familiar programada, alcanzando –y en algunos casos superando– los objetivos propuestos.
Como familia, nos hemos mantenido unidos, con las disputas esperables en una convivencia entre personas diferentes pero con lazos afianzados en la resistencia a los continuos desafíos que ustedes causan en la vida cotidiana.
Nosotros (los padres) hemos concurrido cada día a nuestro trabajo de manera responsable y puntual, desempeñando las obligaciones propias y ayudando en ajenas.
Incluso en momentos de apuro económico, añadimos horas extras a fin de incrementar ingresos, lo que nos permitió afrontar los aumentos en las tarifas impositivas y de servicios que ustedes proclaman como impostergables.
Tuvimos también la oportunidad de colaborar en tareas solidarias, donando tiempo y algunas pertenencias a personas afectadas por desastres, como las que residen en zonas inundadas. Ayudamos colectando ropa y alimentos, pudimos hablar con ellos y en algunos casos sólo escuchamos. Señores, ellos siguen esperando.
Con las próximas elecciones a la vista –en las que es probable que ustedes consigan sus futuros cargos–, procuramos informarnos sobre cada gestión realizada, intentando transmitir a nuestros hijos conceptos de responsabilidad cívica.
A propósito, marchamos con ellos el miércoles pasado para enseñarles que la justicia podemos hacerla entre todos y proclamar que no queremos genocidas caminando por nuestras calles.
Los chicos
El mayor –15 años– inició este año notables obras. Por vez primera consiguió promedio en todas las materias, a pesar de sus numerosas faltas por enfermedad. El aire contaminado de la ciudad le causa serios problemas respiratorios (¿este tema les atañe?).
En el ámbito hogareño, ha conseguido apagar su teléfono celular durante la cena y (casi) todos los días deja medianamente prolija su habitación. Aún resta por completar una dura labor: colgar la toalla después de bañarse, objetivo planteado para el segundo semestre.
Nuestra hija –la del medio, casi 12– debutó en su nuevo colegio secundario con aceptables resultados académicos. Sin embargo, enfrentó una trabajosa adaptación con las compañeras, quienes la trataban con recelo debido a su marcada renquera (nació con su cadera imperfecta). Promediando mayo, desarrolló mejores canales de comunicación, consolidó amistades, aunque sigue esperando que la obra social estatal asuma los gastos para su corrección quirúrgica.
Nuestro hijo menor –2 años y medio, nunca buscado pero amorosamente encontrado– superó con largueza las metas propuestas para el período: ya duerme solo y registra un notable avance en las tareas de retirada de pañales y chupete.
Por razones de estabilidad familiar, se encuentra demorado el abandono del biberón, indispensable –según él– para conciliar el sueño. En este punto es apañado por su abuelo, quien vive con nosotros debido a una jubilación insuficiente para mantener su propia casa.
Brevemente enumeradas, estas son las obras alcanzadas que queríamos exponer a fin de hacerles saber cómo cumplimos nuestras tareas sin publicidad alguna.
Anhelamos que esta información les permita reconocer a una familia promedio, de esas que esperan alguna vez ser tenidas en cuenta en vuestros programas de gobierno, sus preocupaciones y en su trabajo.
Les saludamos respetuosamente, nosotros.
* Médico

