Marta Vidal La imagen nítida de un juez subordinado al poder

El anunciado final de la gestión de 28 años de Marta Vidal al frente de la Justicia Electoral de Córdoba no es la simple jubilación de una magistrada: se trata del fin de una era de subordinación institucional que ha dejado una cicatriz profunda en nuestra calidad democrática.

13 de abril de 2026 a las 12:01 a. m.
Luis Juez
La imagen nítida de un juez subordinado al poder
La jueza electoral Marta Vidal.

Me dispuse a escribir este artículo porque a veces el poder y los años vuelven borrosa la imagen de un funcionario público, y lo que necesitamos es tener una imagen nítida de la jueza Marta Vidal.

El anunciado final de su gestión de 28 años al frente de la Justicia Electoral de Córdoba no es la simple jubilación de una magistrada: se trata del fin de una era de subordinación institucional que ha dejado una cicatriz profunda en nuestra calidad democrática. Tres décadas de sumisión al poder de turno que han dañado el sistema político de Córdoba.

La gestión de Vidal es, si a las pruebas me remito, el fruto del pecado original. Ella misma declaró que el gobernador Ramón Bautista Mestre la nombró luego de conocerla en la Convención Constitucional de Santa Fe.

No hubo concurso ni evaluación de antecedentes. Aprendió rápidamente un libreto para ejercer un cargo de confianza política más que como baluarte de independencia institucional.

Esta falta de origen democrático marcó el tono desde el 20 de agosto de 1998: una gestión sostenida por los mismos actores a los que debía controlar, con escándalos sin esclarecer y un retiro diferido por conveniencia del poder gobernante. Lo de Vidal se pareció siempre a ese árbitro que cobra todo para el lado del equipo local.

Un capítulo no aclarado

El mejor ejemplo son los sucesos del 2 de septiembre de 2007, que desde nuestra fuerza política definimos como la crónica de un despojo. Cuando se vulneró la voluntad popular manifestada en las urnas a través del fraude electoral.

Realizamos tres marchas multitudinarias para pedir que se abrieran las urnas, pero el clamor popular no alcanzó. Días antes, el apoderado del peronismo había denunciado ante la jueza la desaparición de boletas. Vidal declaró válidas las que se presentaran, liberó la grilla para la carga de resultados y se generó un descontrol en el recuento –con corte de luz incluido– que terminó consagrando a Juan Schiaretti como gobernador.

Después de nuestro reclamo en las calles, la jueza ordenó el recuento voto a voto de 300 urnas –unos 135 mil sufragios–, pero nada de lo que solicitamos, y menos el llamado a elecciones complementarias.

Ese capítulo jamás se aclaró del todo. Y las declaraciones de la jueza Marta Vidal al respecto fueron por demás torpes y no menos sugerentes: "Quizá alguna vez pueda hablar de las elecciones de 2007, pero cuando ya no esté en el poder", dijo.

Anillo de protección

En 2017 completó sus trámites jubilatorios y al año siguiente presentó la renuncia, pero la retiró. ¿Por qué? Porque Schiaretti –el mismo gobernador cuya elección ella había convalidado– le pidió que se quedara para las elecciones de 2019. A veces el círculo de la corrupción se cierra ante nuestros ojos y no lo queremos ver.

Ese mismo año habilitó la candidatura a intendente de Martín Llaryora, una semana después de que el Juzgado Electoral Municipal la impugnara por no acreditar residencia en la Capital. La impunidad fue posible gracias a un anillo de protección del Tribunal Superior de Justicia, donde siempre hubo eco para sus decisiones. Vidal no representaba a una institución que controlaba: era un escudo para quienes debía examinar.

En 2023, la propia jueza admitió que la empresa contratada para el escrutinio no era la mejor opción, pero no hizo nada para evitarlo. Otro escándalo. Otra duda sobre la integridad electoral.

Días atrás participé en el acto de apertura del año judicial, y casualmente el tema de los concursos, de la transparencia y una alta ponderación del mérito fueron las cuestiones centrales del presidente del Tribunal Superior de Justicia, que ubicó a Córdoba como un ejemplo del respeto y la calidad institucional para nombrar a los jueces más probos y capaces. Y seguramente sea muy cierto en varias ramas del Derecho.

Pero en los lugares a los que el poder le preocupa, la política elige con el dedo y sin ningún concurso. Por ejemplo, el Fuero Anticorrupción... Y como lo venimos diciendo, la Justicia Electoral –con Marta Vidal– es el ejemplo más cabal de eso que mencionamos como amañado y oscuro.

Por eso permaneció en el cargo casi una década luego de presentar su renuncia al cargo. Porque le convenía al poder y porque quizá tampoco encontraron alguien incompetente y obsecuente.

Lo que viene es la oportunidad de conquistar una Justicia Electoral con magistrados nacidos de concursos públicos, en lugar de un puntero político ataviado con el costoso traje de la corrupción y del escándalo. Seguramente así será recordada.

Senador nacional