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Ideas para pensar la marihuana

La instalación de un enfoque lineal en el relato del fenómeno adictivo incide de modo contraproducente sobre la salud actual de la sociedad. Gabriela Richard Losano.

04 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
Gabriela Richard Losano (Licenciada en Psicología, directora de Fundación ProSalud)
Ideas para pensar la marihuana

Las actividades de la comunidad cannábica invitan a reflexionar acerca del contexto social de las adicciones. Este grupo minoritario, en función de intereses particulares (porque consumen o venden marihuana), genera un relato y programa de trabajo con intención de incidir sobre la opinión pública. En la práctica, confunde al ciudadano común desprevenido e induce a iniciar o sostener el consumo de drogas, no sólo de marihuana. Es decir, impacta de manera negativa sobre la salud pública.Se presenta bajo una etiqueta que combina estratégicamente objetivos sectoriales propios de los consumidores de dicha droga con otros generales: "... somos de la Mesa Nacional por la Igualdad" (¿?), con el objetivo de reducir las posibilidades de cuestionamiento sobre sus postulados. Funciona de modo similar la estrategia de ubicarse en el papel de víctimas cuando dicen ser perseguidos por sus hábitos de consumo, pese a que tienen muchas dificultades para registrar el momento en que se constituyen en victimarios de los denominados "fumadores pasivos", como pasa con el humo de tabaco. Ciertamente, muchos de sus referentes están convencidos de que militan por una causa noble para la sociedad y lo hacen de muy buena fe. Sin embargo, aunque el análisis de esta dinámica social excede un artículo de este tipo, es preciso aportar unos breves comentarios para contribuir a una reflexión crítica del contexto que configura.Estos se basan en evidencias científicas que se podrían resumir así: la marihuana es un objeto de consumo (autocultivado o comprado a terceros) con características propias (potenciadas por los avances en genética), capaz de inducir procesos adictivos, los cuales, por adormecer el libre albedrío y reducir la calidad de vida, buscan evitarse desde los nuevos enfoques en políticas socio-sanitarias.Las interpretaciones lineales y calculadas que hacen agrupaciones como la citada, acerca del fracaso del paradigma de la guerra contra las drogas (en efecto, éste cayó en desuso en el siglo pasado), buscan activar el posicionamiento de su opuesto, como si fuera la única opción posible: el paradigma con las drogas (legalizando su consumo, su tenencia y autocultivo e indirectamente, la venta para los que no lo pueden autocultivar) y proponiendo que los problemas que acarrea tal consumo "sean reducidos" (reducción de daños y riesgos).Este enfoque reduccionista centrado en el objeto, cuya inoperancia ya ha sido probada (Holanda está restringiendo el funcionamiento de coffee shops ), bajo su fachada de novedoso adscribe al viejo paradigma centrado en el déficit, asociado a la tradición asistencial que nutre el "mercado de la salud".La instalación de tal enfoque lineal en el relato del fenómeno adictivo incide de modo contraproducente sobre la salud actual y futura del colectivo social. Y sin salud para todos, es imposible la igualdad buscada.En la perspectiva del pensador francés Edgar Morin, problemas complejos requieren abordajes complejos. Entonces, desde la complejidad, un modelo multidimensional integral de promoción de la salud amplía el foco de análisis destacando por encima de la droga lo vincular y saludable.Con él se abre un arco iris de alternativas para el desarrollo de recursos individuales y sociales, mucho mayor antes y después de que hubiera consumo de drogas. De hecho, la mayor cantidad de la población no consume y éste es un valor a preservar. En términos de salud pública, parece sensato observar el conjunto.