Fraternidad religiosa. Lo hicieron conmigo

Y nos decía que la santidad “no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el prójimo”.

04 de mayo de 2026 a las 10:08 p. m.
Federico Palacios
Lo hicieron conmigo
Lo hicieron conmigo

El 8 de abril pasado, en la Audiencia General, el Papa León nos recordaba que el Concilio Vaticano II en su Constitución Lumen Gentium dedicaba un capítulo a la “universal vocación a la santidad de todos los fieles” Y nos decía que la santidad “no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la plenitud del amor hacia Dios y hacia el prójimo”.

El Papa Francisco ha dado un importante aporte con su Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. (…) Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios…”.

En el mismo documento señalaba algunas notas de la santidad en el mundo actual, “cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo”: 1) Aguante, paciencia y mansedumbre. 2) Alegría y sentido del humor. 3) Audacia y fervor. 4) En comunidad. 5) En oración constante

Pero esta santidad no queda reservada exclusivamente a los creyentes en Cristo. En la misma Constitución Lumen Gentium se reconoce: “Pues quienes, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante, a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna”

Los santos no están encerrados en un nicho; están a nuestro lado caminando. Para nuestro Señor Jesucristo solo existe un modo de reconocerlos: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver. (…) Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mateo 25,34-40)

Federico Palacios

Sacerdote católico. Miembro del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)