Pensar la infancia. Hamelin renovado
El origen de la desaparición de niños y de adolescentes en la virtualidad ha sido inequívocamente confirmado: las “ratas” están en sus dispositivos electrónicos.
Un clásico cuento infantil alude a una tragedia ocurrida en el siglo XIII, en la aldea alemana de Hamelin.
Hay más de una versión sobre su origen. La más arraigada menciona una infestación de ratas. (Nota: a diferencia de infección, que describe la proliferación de agentes microscópicos, se denomina "infestación" a la causada por agentes de mayor tamaño, como parásitos, insectos o animales dañinos).
Aterrados, los pobladores buscaron ayuda. Sin saber cómo y desde dónde, apareció un joven vestido de manera extravagante que ofreció resolver el problema a cambio de una suma de dinero.
Con el pueblo en serio peligro, los aldeanos acordaron de inmediato con el forastero, quien tomó una flauta y entonó una melodía. Todas las ratas salieron de sus rincones atraídas por ese hechizo y, dóciles, enfilaron detrás del personaje hacia un río cercano. Él, de estatura normal, se introdujo hasta la cintura; ellas, petizas, se ahogaron.
Así culmina la primera parte.
La segunda es la trágica. Ocurrió cuando los pobladores, sin motivo aparente, se negaron a pagar la recompensa. El cazador, enojado, decidió vengarse.
Un día preciso en el que los adultos (todos) se encontraban distraídos, el flautista regresó con su música, que esta vez encantó a los niños de la aldea.
Al compás, los llevó hasta un sitio desconocido y nunca más se supo de ellos.
Así cuenta la leyenda original.
Lo curioso, si no alarmante, es la versión renovada del mito en la actualidad.
Se trata de una masiva infestación de datos, chats, fotos, fake news, desafíos en plataformas y otros múltiples parásitos virtuales que están afectando a poblaciones enteras.
En comparación con aquellas míseras ratas, el efecto es mayor y persistente.
Las personas buscan ayuda, aunque sin saber que los potenciales flautistas (equipos de Meta, Open AI, TikTok, Alphabet y otros), que en su momento aportaron grandes ideas y soluciones a problemas de gestión cotidiana, hoy son también el origen de la peste.
Padres, madres y demás cuidadores de niños, siempre ocupados, tercerizan la solución del problema: consultan a profesionales, reclaman que la escuela “se haga cargo” o esperan mágicas prohibiciones estatales.
Pero las “ratas” siguen ahí, devorando lo que encuentran. Entonces, la tragedia ocurre de modo inevitable: una multitud de chicos está desapareciendo.
Físicamente presentes, pero con su mirada perdida, su atención, dispersa; olvidados algunos juegos y hasta el deseo extraviado.
La reciente pérdida extrema es la reciente obligación de “transparentar” sus mochilas.
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La desaparición infantil en el cuento medieval tiene diversas explicaciones en hechos reales: ahogamiento en un río crecido, deslizamiento de tierra que los tapó, su reclutamiento para una campaña militar de la que nunca volvieron, y hasta una migración forzosa hacia tierras más fértiles.
Quizás la más verosímil es la que habla de una enfermedad contagiosa que obligó a alejarlos del pueblo.
El origen de la desaparición de niños y de adolescentes en la virtualidad, en cambio, ha sido inequívocamente confirmado: las “ratas” están en sus dispositivos electrónicos.
Como la mayoría de los adultos también está infestada, no parece aportar soluciones. Y los actuales flautistas –ya nombrados– no cesan de proponer nuevas melodías, irresistibles para quienes el teléfono es parte de su cuerpo.
Se imponen pausas digitales. Porque los efectos de esta peste –en apariencia, incontrolable– condiciona que chicos y chicas estén perdiendo lo que los define: rasgos infantiles.
… Si hasta su identidad escolar está en juego; sus útiles guardados en bolsas transparentes.
Médico

