Hacia la meta sin pensar en el oro
Superación. En estos días, se están celebrando los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. Miles de atletas de todo el mundo se dieron cita en esa ciudad para competir y tratar de conseguir la tan ansiada medalla de oro.
En estos días, se están celebrando los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. Miles de atletas de todo el mundo se dieron cita en esa ciudad para competir y tratar de conseguir la tan ansiada medalla de oro. Muchos años de sacrificio y esfuerzo tuvieron que pasar cada uno de ellos para alcanzar ese premio tan esperado. Horas y horas de entrenamiento tratando de obtener los mejores tiempos y las mejores participaciones, buscando llegar a lo más alto en cada disciplina.Vimos lágrimas de alegría al obtener los logros más deseados, pero también lágrimas de tristeza por haber fracasado en el intento. Algunos perdieron, sólo en unos minutos, las posibilidades de llegar al éxito, por haber cometido algún error por el que tuvieron que abandonar la competencia, y así se apoderó de ellos una gran frustración.Pienso en nosotros que, aunque no somos atletas y salvando las distancias, vamos por la vida enfrentando diferentes circunstancias, en una carrera que hemos emprendido tratando de alcanzar los mejores logros.La realidad es que, como sucede con los atletas, las cosas no siempre salen bien. Las permanentes presiones que la vida nos impone hacen que se produzca un desgaste, por lo que las fuerzas comienzan a flaquear.Es entonces cuando aparece el desánimo que trata de dejarnos fuera de competencia. La Biblia dice: "Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna" (Isaías, 40.29).Cometer algún error no significa tener que abandonar la carrera. Errar es humano. Necesitamos recuperar la fuerza perdida para seguir hacia la meta propuesta.Si en soledad no podemos, tenemos a Dios, que es quien nos promete ayuda. No sólo es importante estar bien por uno mismo, sino también por quienes nos rodean.Si estoy bien, puedo ayudar a mis hijos y a mis nietos, que son mi descendencia, a que prosigan en la vida sin claudicar a pesar de las dificultades que puedan presentarse.Tal como lo hace el deportista, es bueno proponerse una meta y, contra viento y marea, tratar de alcanzarla. Probablemente, al final del camino no haya una medalla esperándonos. Qué importa: el oro es lo de menos. Dios te bendiga. * Pastor evangélico, miembro del Comipaz

