Política y economía. Gestión Milei: cuáles son los escenarios posibles de aquí en más

Un gobierno puede tener un buen programa económico, como creemos que hoy lo tiene, pero si genera conflictos constantes, cambia los mensajes y no logra consensos mínimos, la inversión se frena también.

23 de abril de 2026 a las 12:02 a. m.
Aldo Michelli
Gestión Milei: cuáles son los escenarios posibles de aquí en más
Javier Milei y Luis Caputo.

Los objetivos para alcanzar el verdadero, justo y sostenido progreso de nuestro país son los siguientes:

Lograr la incorporación de una inversión suficiente, capaz de crear una demanda profunda de empleos, que absorba la alta proporción de desocupados, más la totalidad de los empleos informales, que juntos suman casi la mitad de la población activa.

Conseguir, a la vez, un incremento en la producción, o lo que es lo mismo, en la oferta de bienes y servicios, volcada al mercado.

Pero estos imprescindibles avances (empleos y producción) tienen que ir acompañados de una mejora sustancial en el ingreso real de los trabajadores y la clase pasiva, porque de lo contrario, ¿quiénes demandarán esa mayor producción, para permitir la continuidad de este virtuoso proceso?

Programa del Gobierno

Según la actual administración, esta recuperación depende de los siguientes factores:

En lo fiscal: ordenar la economía, mediante el logro (hasta ahora alcanzado), de un déficit fiscal cero o superávit.

En la inflación: disminuida hasta el momento sustancialmente, aunque por razones políticas y de influencias importadas, en los últimos meses muestra un leve deterioro.

Reformas estructurales: con mucho esfuerzo se está logrando el orden del Estado, modernizando el mercado laboral y racionalizando las regulaciones, para evitar trabas a la producción y comercialización.

Confianza interna, externa e inversión: este quizás sea, en este momento, el punto más vulnerable del programa.

Si estos cuatro factores avanzan de manera sostenida, hay chances reales de recuperación; pero si algunos fallan, el proceso se complica bastante.

Certezas

El éxito depende de cuánto tiempo pueda la sociedad tolerar el ajuste.

¿El sistema político acompaña o bloquea? Es evidente que no ayuda, que se empeña en provocar el caos y que, lamentablemente, el Gobierno a veces le aporta elementos.

Los gobiernos han tenido varios intentos de estabilización en su historia, pero la diferencia con el actual proceso es que el ajuste ahora es más rápido y profundo, que hay una apuesta fuerte a cambiar reglas de fondo y que hoy hay un menor gradualismo que en experiencias anteriores.

Todo esto aumenta tanto el potencial del éxito como el riesgo de fracaso.

La conclusión es que es posible que haya recuperación, pero esta no será rápida ni garantizada y que depende tanto de decisiones económicas como del clima social y político.

¿Dólar atrasado?

Vamos ahora al plano económico, analizando una variable sustancial de mercado, como es la paridad dólar/peso. ¿Está el dólar realmente atrasado? Si se lo compara con la inflación acumulada, sí, verdaderamente está atrasado; si se lo compara con el tipo de cambio real (exportaciones, salarios, etc.), parecería que está más equilibrado de lo que parece.

El dólar es un mercadería más, aunque tiene más influencia que todas las otras, de manera que no se lo puede manejar de forma arbitraria, y no se puede tampoco modificar unilateralmente su precio, porque hay vasos comunicantes con el resto del mundo, y en algún momento siempre recupera su real valor, y en esas circunstancias, si es brusco, produce demasiados perjuicios económicos y, sobre todo, sociales, como ya nos ha sucedido en varias oportunidades.

Más que opiniones de políticos y economistas, para saber si el peso está sobrevaluado, y lo que es lo mismo, el dólar subvalorado, siempre debemos observar cómo están las reservas del Banco Central (hoy siguen siendo negativas); si hay superávit fiscal (sí lo hay, aunque sea a costa también de problemas sociales); si existen posibilidades de ingresos de dólares (el campo con buenas cosechas, energía con gran futuro y financiación suficiente por el apoyo Estados Unidos y el FMI).

Si estas variables se mantienen ordenadas, el dólar puede seguir contenido. La conclusión es que verdaderamente hay señales de atraso cambiario, pero no es inevitable un salto inmediato, y el escenario más probable es una tensión creciente con un ajuste gradual, no una crisis súbita.

Elemento superlativo: confianza

Insistimos en que el ordenamiento y el progreso de cualquier país dependen de la confianza que genere una administración. Porque de la confianza viene la inversión, y esta no depende solo de números técnicos sino de si quienes toman decisiones creen que las reglas de juego no van a cambiar de modo abrupto, si confían en que existe una cierta previsibilidad institucional y también en una capacidad política de mantener el rumbo prometido.

Un gobierno puede tener un buen programa económico, como creemos hoy lo tiene, pero si genera conflictos constantes, cambia los mensajes y no logra consensos mínimos, la inversión se frena también.

Es indudable que se está tratando de hacer lo mejor posible para lograr los cambios necesarios que nos allanen el camino hacia la mayor producción y mejor distribución de las riquezas en función del esfuerzo de cada actor, pero choca con un problema estructural de Argentina, que se manifiesta en un círculo vicioso formado por viejos esquemas acumulados a lo largo de muchos errores populistas.

En Argentina, donde la memoria de crisis es larga, la confianza es especialmente frágil.

En definitiva, toda administración debería cuidarse un poco más de no cometer torpezas políticas, a veces innecesarias, que minan la confianza y aumentan las chances a la oposición de crecer, porque piensan más en las posibilidades partidarias futuras, que en el progreso y bienestar de los argentinos.

El camino

Y para terminar, la conexión correcta, económicamente hablando, sería: confianza, inversión, empleo, mayor oferta y menor presión inflacionaria.

Hoy la secuencia es: ajuste fiscal, contracción monetaria y baja de inflación (por menor demanda, pero no por mayor oferta).

En el corto plazo, la inflación puede bajar sin inversión, por el ajuste aplicado, pero a mediano plazo, sin inversión, la economía no crece y la estabilidad no se sostiene.

Licenciado en Ciencias Económicas; profesor en la UNC