Gente excelente, caudillo carismático
La construcción del poder de Correa descansa en la búsqueda de una relación directa, plebiscitaria y carismática con los ciudadanos. César Tcach.
"Un lugar decente para gente excelente", expresa un cartel que indica la entrada a un country ("ciudadela cerrada", en el lenguaje de los habitantes de Ecuador) en las afueras de Guayaquil, la capital económica de ese país. Muy cerca de allí, en el camino que conduce a la provincia de Manabí, se extienden por millares precarias viviendas con techos de chapa y paja, sostenidas por troncos que cumplen la función de pies para evitar el ingreso de agua en la época de lluvias.La extendida ausencia de cloacas y la precariedad del trabajo rural –prácticamente no se observa maquinaria agrícola, el trabajo campesino sigue siendo predominantemente manual– contrasta de inmediato con las primeras impresiones del arribo, como la sofisticación del aeropuerto de Guayaquil, que emula al de los países más avanzados. En 2006, un académico sin militancia política y social previa, Rafael Correa, accedió a la presidencia de la República. Doctorado en economía por la universidad norteamericana de Illinois, su estrellato fue el corolario de una década de inestabilidad política (hubo nueve presidentes en 10 años). También era resultado de la quiebra del sistema financiero (a partir de 1998, se destinaron fondos públicos superiores a los ocho mil millones de dólares para salvar a los bancos) y de la incapacidad de los partidos para sostener el sistema político. Esto último se debe a que ni los liberales vinculados a la agroexportación, con fuertes respaldos en sectores medios urbanos, ni los socialcristianos, estrechamente relacionados con los terratenientes que disponían de bases electorales en las masas serranas, fueron capaces de conjurar el eclipse de un tipo de sistema político que distaba de lucir eficacia para resolver los problemas sociales. Nace una estrella. Como en el verano argentino de 2001-2002, la consigna que se gritaba en Quito en 2005 era "¡Que se vayan todos!" La rebelión popular carecía de liderazgos visibles y no fue organizada por los sindicatos ni por la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador). Bautizada como la "revuelta de los forajidos", tuvo como consecuencia la renuncia del presidente, el coronel Lucio Gutiérrez. El vice, Alfredo Palacio, asumió el cargo y nombró a Rafael Correa como ministro de Economía. A Correa, le bastaron poco más de cien días en el ejercicio de este cargo para hacerse conocido y ganar una creciente popularidad. Su triunfo en las elecciones presidenciales de 2006 frente al multimillonario Álvaro Noboa, el hombre más rico del país, fue el resultado de un conjunto de promesas que, en nombre de una "revolución ciudadana", combinaban continuidad (como la de mantener el dólar norteamericano como moneda nacional, herencia del período neoliberal) con cambios profundos; entre ellos, la reformulación de los contratos petroleros con empresas extranjeras, una renegociación digna de la deuda externa, la legalización de los títulos de propiedad de tierras tradicionalmente poseídas por comunidades indígenas y la duplicación del bono de solidaridad con la gente pobre, de 15 a 30 dólares. Un factor que contribuye a explicar su creciente poder personal en los años siguientes estuvo presente en el mismo parto de acceso al gobierno. No presentó candidatos a diputados y una vez elegido llamó a un plebiscito para que el pueblo se pronunciara sobre la oportunidad de la reforma constitucional. Un abrumador 82 por ciento votó de manera afirmativa. Tras la realización de la Asamblea Constituyente (Correa disponía de 80 de los 130 congresales), la nueva Constitución, que incorporaba derechos sociales, culturales y ecológicos, fue ratificada por otro plebiscito. Es decir, la construcción de su poder descansaba básicamente en la búsqueda de una relación directa, plebiscitaria y carismática con los ciudadanos. Señales de peligro. Los sectores opositores, por su parte, observan críticamente las limitaciones a la libertad de expresión y a los mecanismos republicanos. Entre las más recientes, figura una disposición presidencial que restringe la posibilidad de los medios de comunicación de realizar entrevistas a los candidatos durante las campañas electorales. El argumento del gobierno para defender semejante medida es que los medios pueden beneficiar o desprestigiar a un candidato a voluntad.Otra de estas polémicas medidas fue la condena judicial a tres años de prisión y 40 millones de dólares al directorio del periódico opositor El Universo , pese a que sus editoriales defendieron a Correa frente al intento policial golpista ocurrido en 2010.Reelegido en 2009, cinco años de "revolución ciudadana" permiten constatar luces y sombras. Entre las primeras, se cuentan su afán modernizador, materializado en la construcción de una amplia red de carreteras asfaltadas que contribuyen a dinamizar la economía; la renegociación exitosa de la deuda externa; el reconocimiento de derechos sociales y culturales de las comunidades indígenas (como las escuelas bilingües en zonas andinas y amazónicas) y los límites impuestos al otrora omnímodo poder de los bancos. Entre los aspectos no tan brillantes, el modelo de acumulación de capital sigue siendo el mismo. Se exportó petróleo contando con los precios más altos de la historia, pero Ecuador sigue importando sus derivados, como el diésel, por carecer de una suficiente capacidad de refinación. Reforzando este perfil, en 2011, los dos principales países que invierten en Ecuador (Canadá y China) orientaron su interés exclusivamente a la extracción de minerales.
*Director de la Maestría en Partidos Políticos del Centro de Estudios Avanzados de la UNC. Investigador del Conicet.

