Aniversario. Francisco, el papa de los confines
El papa Francisco demostró que se puede actuar con firmeza y a su vez empleando conmovedoras imágenes en el lenguaje. Pero su gramática no fue sólo expresada en palabras sino a través de su vida vivida con coherencia.
Faro moral, estrella en la oscuridad, brújula en la tempestad del planeta. Puente. Pero puente no hacia el desierto del aislamiento sino hacia la tierra fértil del encuentro, el abrazo y la ternura.
El papa Francisco demostró que se puede actuar con firmeza y a su vez empleando conmovedoras imágenes en el lenguaje. Pero su gramática no fue sólo expresada en palabras sino a través de su vida vivida con coherencia y honor al nombre que eligió para llamar a la Iglesia por su más hermoso sueño: “Pobre, de los pobres y para los pobres”.
Su estatura de líder mundial supera todos los cielos rasos de las mediocridades; los espíritus de secta; los tirones políticos gallináceos; los manoseos y las opiniones maliciosas y enceguecidas por las ideologías de uno y otro extremo.
Imaginó un mundo grande, sabiendo que los mejores caminos comienzan en la humildad de los pesebres más recónditos de las periferias. Su metro cuadrado fue el detalle de comunicación silencioso y personalísimo con el dolor humano –a través de múltiples gestos discretos en su tarea pastoral–; y también el gesto público y universal cuando tuvo que pronunciarse sobre los grandes temas de la injusticia contemporánea.
Fue un gigante porque se hizo pequeño, para mejor llegar a los mínimos. Fue un explorador que extendió fronteras: el cambio climático, la inteligencia artificial, las migraciones, un multilateralismo desde abajo, el tráfico humano y las nuevas formas de esclavitud.
Diplomacia de la esperanza
Durante sus años de pontificado generó la admiración de los más diversos referentes: de la cultura, la política, el arte, el deporte, la economía, católicos y no católicos, cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes. Y también la resistencia de retrógrados e hipócritas más o menos disimulados.
No fue el papa del fin del mundo, fue el papa de los confines del mundo. Como él mismo lo definió en su último mensaje ante el cuerpo diplomático, el 9 de enero de 2025: “El término “confín” indica no un lugar que separa, sino que une, que “está contiguo con otro punto o lugar” (cum-finis), donde se puede encontrar al otro, conocerlo y dialogar con él”.
De las múltiples voces que se pueden recordar de sus mensajes, elijo precisamente este último que dirigió al cuerpo diplomático, porque contiene definiciones que son más vigentes que nunca hoy:
Llamó a “repensar también las relaciones que nos unen, como seres humanos y comunidades políticas; para superar la lógica del enfrentamiento y abrazar en cambio la lógica del encuentro; para que el tiempo que nos aguarda no nos halle como vagabundos desesperados, sino peregrinos de esperanza, es decir, personas y comunidades en camino comprometidas a construir un futuro de paz”.
Convocó a una diplomacia de la esperanza “para que las densas nubes de la guerra puedan ser barridas por un renovado viento de paz… Este es el único camino para romper las cadenas de odio y venganza que aprisionan y para desactivar las bombas del egoísmo, del orgullo y de la soberbia humana, que son la razón de toda voluntad beligerante que destruye”.
La tecnología y el hombre
Advirtió el riesgo de la tecnocracia, más aún cuando se conjuga con la guerra: “El moderno progreso científico…lleva consigo indudables beneficios para la humanidad…Sin embargo, no se pueden omitir sus límites y sus peligros, porque a menudo contribuyen a la polarización, a restringir las perspectivas mentales, a la simplificación de la realidad, al riesgo de abusos, a la ansiedad y, paradójicamente, al aislamiento, en particular por el uso de las redes sociales y los juegos en línea”.
Fue profundo con respecto a la inteligencia artificial, que “amplifica las preocupaciones relacionadas con los derechos de propiedad intelectual, la seguridad del trabajo para millones de personas, el respeto de la privacidad y la protección del ambiente de residuos electrónicos (e-waste). Casi ningún rincón del mundo ha quedado inalterado a causa de la gran transformación cultural que determinan los imparables progresos de la tecnología, y es cada vez más evidente una consonancia con los intereses comerciales, que genera una cultura radicada en el consumismo”.
En dicha ocasión habló también de que “una diplomacia de la esperanza es, antes que nada, una diplomacia de la verdad”; subrayó que “la guerra es alimentada por el continuo proliferar de armas cada vez más sofisticadas y destructivas”; apeló recordando a San Pablo VI que "con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares, constituyamos un fondo mundial, para acabar de una vez con el hambre y para el desarrollo de los países más pobres, de tal modo que sus habitantes no acudan a soluciones violentas o engañosas ni necesiten abandonar sus países para buscar una vida más digna".
Esclavitud, tráfico, dependencias
Señaló a la esclavitud laboral, en la cual muchas personas resultan “esclavas de las condiciones laborales inhumanas, en términos de seguridad, horarios de trabajo y salario”; así como “la horrible esclavitud de las toxicomanías, que afecta especialmente a los jóvenes. Es inaceptable ver cuántas vidas, familias y países se arruinan por esta plaga, que parece difundirse cada vez más, también por la aparición de drogas sintéticas muchas veces mortales, puestas a disposición de forma amplia por el execrable fenómeno del narcotráfico”.
Subrayó la diplomacia de la libertad, que supere la terrible esclavitud “practicada por los traficantes de seres humanos: seres sin escrúpulos, que se aprovechan de la necesidad de miles de personas en fuga por la guerra, las carestías, las persecuciones o los efectos de los cambios climáticos en busca de un lugar seguro para vivir”.
Todo lo anterior, apelando por un orden económico que atienda la dependencia financiera: “En función de la deuda ecológica, es importante identificar modalidades eficaces para convertir la deuda externa de los países pobres en políticas y programas efectivos, creativos y responsables de desarrollo humano integral”.
Abrió puertas, abrió ventanas, abrió caminos, abrió debates, abrió cielos, abrió salidas. Fue el papa de todos, pero con claras prioridades. No “balconeó” los problemas de su tiempo –como a él mismo le gustaba llamar a los indiferentes que critican sin comprometerse– sino que se arremangó como un cura de barrio bien humano para caminar por esos confines olvidados y hambrientos y sedientos y encadenados.
Miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales

