Fortaleza económica y sueños hegemónicos
En el frío de Santa Cruz y junto a Néstor Kirchner, Cristina aprendió que sin dinero no se puede sostener un proyecto de poder, por muy atractivo que le resulte a mucha gente. Carlos Sacchetto.
A los discursos de la presidenta Cristina Fernández, vayan por la cadena nacional o por la cadena oficial –que ya son casi lo mismo–, les está faltando lo que alguna vez tuvieron: capacidad de seducir y convencer a la audiencia. Ahora se parecen a esas arengas a la tropa en las que quien ejerce el liderazgo necesita renovar e imponer un elevado espíritu de combate para enfrentar la batalla en desarrollo. El tono bélico, el dedo amenazante, la búsqueda del aplauso que refuerce la severidad de los conceptos no son otra cosa que la épica con la que el kirchnerismo rodea toda su acción política.Esta observación sobre las formas y simbolismos con que la Presidenta ejerce su poder, y que derivan en un paulatino agotamiento de la tolerancia de grandes sectores sociales, no debería sin embargo ocultar la cuestión de fondo.Como ella misma lo sostuvo en su exposición del Día de la Industria, no se trata de gestos aislados ni de medidas adoptadas en forma circunstancial, sino de un proyecto político que no admite debilidades ni desvíos. Tampoco que se lo cuestione demasiado y por eso quienes lo hacen son considerados enemigos. La plata vale. En el frío de Santa Cruz y junto a Néstor Kirchner, Cristina aprendió que sin dinero no se puede sostener un proyecto de poder, por muy atractivo que le resulte a mucha gente. Esa convicción es hoy la base del optimismo que no ocultan algunos de los funcionarios más cercanos a la Presidenta. Sostienen –y así lo transmiten especialmente a los empresarios– que el año terminará sin sobresaltos económicos y que el próximo, cuando se aproxime el calendario electoral, habrá recursos suficientes para garantizar que nada cambie.Esos funcionarios relatan en reuniones privadas que Cristina está convencida de que los análisis de sus economistas de cabecera y los de ella misma son correctos y de que 2013 será un año excepcional en todo sentido.Cuenta para eso con los envidiables ingresos que generará la campaña sojera, la disminución respecto de este año de los compromisos financieros externos y un acomodamiento de las cuentas públicas gracias a los ajustes transferidos a las provincias.La Presidenta considera, además, que el control del Estado en actividades que hasta ahora estaban en manos de grupos privados, como petróleo y comunicaciones, o la presencia accionaria de sus representantes en empresas clave de distintos sectores productivos, dan a su gestión una fortaleza inigualable. Así se siente. Tanto, que se muestra como ejemplo para otros gobernantes acuciados por crisis económicas.Pero ese suele ser sólo un costado importante del poder, no el único. En la relación entre el liderazgo carismático que cree tener Cristina y la sociedad, hay otros factores no menos decisivos.La fatiga de su imagen y el contraste que existe entre su discurso y la realidad personal producen valoraciones subjetivas que tienen peso a la hora de aprobar la continuidad de una gestión. Las encuestas, incluidas algunas encargadas por la Casa Rosada, así lo están mostrando.También lo sugieren dos hechos anecdóticos que ocurrieron a raíz de la cadena nacional del 2 de septiembre en horario central de la TV. El masivo cambio de canales que se produjo y las pequeñas expresiones de cacerolazos en la ciudad de Buenos Aires revelan un incipiente hartazgo social que deja de ser pasivo.Se agrega la propia actitud de Cristina cuando, en pleno sermón a funcionarios, empresarios y medios, dijo que sólo hay que temerle a Dios... y a ella, un poquito. La nominación. Para la comidilla política, la semana dejó algunas versiones y trascendidos que apuntan al horizonte electoral y a la posibilidad de reformar la Constitución para posibilitar la re-reelección presidencial. Dicen cerca del Gobierno que si no es posible avanzar con la reforma, Cristina ya ha señalado a su cuñada Alicia Kirchner como una candidata a preparar para su sucesión.El primer test sería en la provincia de Buenos Aires para las legislativas del año próximo y, si no hay un rechazo explícito, su camino hacia la postulación presidencial quedaría despejado.En el peronismo que adhiere por ahora silencioso a Cristina, y en aquel que ya ha comenzado a tomar distancia, los proyectos son otros.Aun sabiendo que el poder ultrakirchnerista es una fuerza temible, miden posibilidades y se anotan varios. El resto de la oposición, fragmentada, no encuentra todavía una manera de reaccionar que la acerque al optimismo. Pero todo es futuro. Y hablar del futuro es desafiar a Dios.

