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Esqueletos del hombre universal

El hombre es universal porque a veces se parece entre los milenios y las distancias. Incluso porque es distinto a éste del siglo 21, que despide a sus muertos casi como un trámite. Alejandro Mareco.

28 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Esqueletos del hombre universal

U n hombre y una mujer. Son dos esqueletos; así, tal cual, puros huesos que están muy cerca, casi pegados, pero cada uno con los huesos por su lado. Salvo los huesos de una de las manos de cada uno, que están mezclados o, mejor dicho, juntos, unidos. Unidos, sí, y esa es una de las palabras gigantes a cuya sombra veneramos la buenaventura existencial (no olvidemos: somos en la vida en uno que no termina de ser si no es en dos, como decía Marechal). Pero uno no sabe (casi sabe que no) si alcanza con la vida finita para hablar de unidad, al menos de esa que tiene que ver con la versión de la eternidad que vinieron a darnos estos huesos de un hombre y una mujer. Los esqueletos estaban en una foto, y el que la señalaba era Dante Ruggeroni, antropólogo, director del Museo Arqueológico de Reconquista. Afuera estallaba la luz del mediodía santafesino y estar ahí era todo un asombro, de esos que nos solían asaltar cuando hace unos meses hacíamos la colección de “Argentinos del Bicentenario”. Dante es un hombre curtido por los años, las distancias y el acto de sobrevivir siempre con una luz prendida. La dictadura lo echó del país porque unos imbéciles con uniforme entendieron que sus carpas no eran de antropólogos sino de “subversivos” (los militares golpistas del ’76, además de sus depravaciones, deberían hacerse cargo de su inmensa estupidez, de la que se aprovecharon los poderosos, claro, para hacer un país a su gusto). Ruggeroni –que llegó a desnudar pirámides mayas en México durante su exilio– con sus ex alumnos y estudiantes secundarios de Malabrigo, a unos 100 kilómetros de Reconquista, lograron descubrir los esqueletos que seguían tomados de la mano desde hace dos mil años. “Cuando los vimos, enseguida me refrescó otra imagen. Era la de los cuerpos hallados en Grimaldi, Génova, Italia, en la que un joven de 15 años fue enterrado con una mujer de 40, que se presume su madre. Esto data de seis mil años. Uno u otro caso nos muestran que se trata de un enterramiento cargado de afecto, de ternura. Y es el grupo social el que toma esa decisión, no los muertos, que no lo podrían haber resuelto por sí mismos”, ha contado. Por eso, Ruggeroni dice que salvo que las multitudes decidan lo contrario, como hemos visto hace poco, el hombre es universal, y si los sudamericanos dejamos ver nuestras diferencias que hacen a la identidad, es sólo con la intención de compartir el sol común. El hombre es universal, sí, sobre todo cuando ama.