Espejos rotos
¿Por qué se llega a esta situación? Hay una sola respuesta: la responsabilidad de quien gobierna. Resultado de la inopia. Contrastes entre la decisión política del bien común y el político del marketing.
Córdoba sin gobierno. La imagen del pasajero ambulante en un aeropuerto refleja la soledad del gobernante mientras su ciudad arde. Escenas de violencia, saqueo, odios encerrados, irritaciones varias y acumuladas, abusos, oportunistas. Policías que extorsionan, arma en mano. Muerte. "Vamos a cazar a los bandoleros y aplicar la justicia", dice el gobernador frente a una claque que aplaude enfervorizada, mientras la sociedad, consternada, observa las imágenes. ¿Qué festejan? Siete días después pide disculpas, reconoce su soberbia tardíamente. El daño ya se hizo. José Manuel de la Sota lo hizo: Córdoba, "la Docta", sumergida en el mundo oscuro de la debilidad de los principios y valores éticos y morales de su dirigencia. Las miserias que afloran en medio del dolor y el despojo. Córdoba de rodillas. Córdoba duele. Como al pasar, Frida Kahlo lo recuerda: "El dolor no es parte de la vida, se puede convertir en la vida misma".El cordobés, herido en su dignidad, observa la pantalla: el gobernador busca excusas que no puede sostener. El desaliño de su persona es el de su gobierno.
El tobogán
“En las sociedades abiertas y pujantes, las normas morales que tradicionalmente han limitado la voluntad y acción humanas corren el riesgo de ser destruidas por el empuje moral de las inteligencias que bullen en ellas. Inteligencias poseedores de una ‘energía’ que, (...), en caso de descontrolarse, puede provocar un colapso histórico de proporciones gigantescas”. El irlandés Edmund Burke describió, en su libro
De la sociedad comercial a la democracia totalitaria
, las razones del 3-D cordobés.
La combinación del título perfecciona los límites insondables que tiene la política. Ratifica la sensación de que los contubernios espurios se prolongan con celeridad.
Córdoba ha sido llevada a través de 14 años hacia un tobogán de dos posibilidades: salvarse o morir ahogada en la ignominia. Nada que asombre, aunque el gobernador no esté enterado.
¿Por qué se llega a esta situación? Hay una sola respuesta: la responsabilidad de quien gobierna. Resultado de la inopia. Contrastes entre la decisión política del bien común y el político del
marketing
. ¿Pudo evitarse el chantaje?
“El primero en 725 días de gobierno”. Falso, falaz. Los archivos incomodan.
Año 2005, en plena crisis policial, el entonces Frente Nuevo exige explicaciones al Gobierno de Córdoba: “Además, las secuelas de este conflicto se verán reflejadas en el futuro, donde la falta de autoridad de los mencionados (gobernador, secretario de Seguridad y jefe de Policía) ha resquebrajado el respeto que, por ellos, tendrán los integrantes de la fuerza, quienes en distintas declaraciones han imputado la responsabilidad a la inopia de estos funcionarios para dirimir las cuestiones salariales, de respeto y de condiciones de trabajo dignas que se reclamaban”.
Escribe Giovanni Sartori: “Cuando los dirigentes optan por ser postores en una subasta de popularidad, sus talentos, en la construcción del Estado, no servirán de nada”. El gobernador ignora a Burke, pero más a Sartori.
Aportes ignorados
¿Era previsible la explosión? Hubo sectores amotinados, cierto. Pero el principal instigador fue el Gobierno provincial y la inacción de sus funcionarios.
¿Se pudo evitar? En enero de 2013, el Frente Cívico y Social presentó un documento de 14 puntos y pidió una audiencia al gobernador por “el aumento considerable en hechos delictivos y significativos en la violencia de los mismos”.
Sugerimos que el problema no era de policías y jueces, ni de una ley, sino de la ausencia de políticas de Estado en prevención. Evitar que la represión fuera aprovechada por el persecutorio Código de Faltas.
Apuntábamos a la fragilidad ética de miembros de la Policía sospechados de corrupción y complicidad en el delito y el narcotráfico.
Pedíamos: declarar la emergencia provincial en seguridad; crear una asamblea permanente por la seguridad ciudadana; eliminar los gastos reservados y la puesta inmediata de la Junta de Participación Ciudadana, entre otros proyectos. El gobernador habla de diálogo. Nunca nos recibió.
¿Qué autocrítica?
Frente a las cámaras, De la Sota no indagó en las entrañas del poder que ejerce las verdades de los problemas. Redujo todo a un cambio de hombres, y la pobreza de logística política quedó explícita en los nombres.
La violencia tenía un dueño impensable: su gobierno. Hegel, en
La filosofía del Derecho
, señala que el despotismo en general, y en el Estado, es la ausencia de la ley. “Sin ley no hay Estado, sino bestialidad”. El gobernador tampoco está enterado de esta sentencia.
Philippe Braud, en
El jardín de las delicias democráticas
, plantea los fenómenos de “violencia colérica” y “violencia instrumental” en el esquema de Leonard Berkowitz.
La primera es la frustración entre la vida social y el acceso al placer legítimo; la privación que alimenta la violencia colectiva. Parte de la distribución de la riqueza y las desigualdades económicas del poder adquisitivo; el acceso a bienes simbólicos como la “representación de una carencia”.
¿Las lógicas de la vida política democrática contribuyen a exacerbar las frustraciones sociales de violencia colérica? ¿Lo sabe el gobernador? Atribuye la “violencia instrumental” a los gobernantes, titulares del monopolio de la coerción que deciden el empleo de la fuerza.
El temor al desorden –no advertido por De la Sota– abastece los argumentos para emprender contra las fuerzas sociales, mientras la debilidad de las convicciones democráticas, capaces de frenarlas, no es lo suficientemente sólida por la falta de interpretación de las necesidades de la comunidad.
Los gobernantes sin freno ético caen en la codicia y la corruptela. No hay espejos dónde mirarse. Es cuando la violencia no se reconoce. Toda una visión “hobbesiana”.
La muerte es la guerra civil; la enfermedad es la sedición; la salud es la concordia. Es la escalada incontrolable que avisa ir por más.
Es cuando su majestad, la ley, se va de viaje. Como el gobernador, cuando el incendio aparecía.
*Legislador por el Frente Cívico y Social, vicepresidente primero de la Legislatura unicameral

