Un episodio extraordinario
El domingo último, buena parte se pronunció a favor de un modelo que, con sus claroscuros, rescató a muchos argentinos y los ha reintegrado al sistema laboral. Alejandro Mareco.
La alta participación de votantes y la dimensión de la amplitud del apoyo a la presidenta de la Nación fueron dos datos rotundos de las recientes elecciones primarias obligatorias, que superaron las expectativas y los análisis previos, incluidos los de las propias encuestas de las consultoras oficialistas. Parecía que la cita cívica no tenía demasiado sentido, pues la ley que le dio origen llevaba como principal intención dirimir internas a la luz de la voluntad ciudadana y no de los aparatos partidarios, algo que no sucedió porque los aparatos se atajaron definiendo previamente candidatos únicos. Entonces, salvo para la definición de algunos gobernadores, legisladores e intendentes en varios distritos, se suponía que no había demasiado en juego.Pero aunque tanto el oficialismo como la oposición dudaban del interés ciudadano y hasta se planteaba que la gente no tenía muy claro de qué se trataba la elección y que, en consecuencia, una apatía generalizada apenas movilizaría hacia las urnas a poco más de la mitad del padrón, de pronto, la asistencia masiva (casi el 78 por ciento de los habilitados para votar) dio contenido y profundo e inesperado significado a la elección. Voto positivo. Entre tantas interpretaciones sobre lo sucedido el último domingo, también es dable pensar que buena parte de esos 10 millones de argentinos, aun sabiendo que el sufragio no decidía las próximas autoridades, buscó expresar su apoyo al Gobierno nacional, dar un sentido positivo a su voto, pronunciarse a favor de un modelo que, con sus claroscuros, ha rescatado a muchos argentinos y los ha reintegrado al sistema laboral. No sólo se eligió al oficialismo ante la atomización de la oposición o por aquello de "mejor malo por conocido", al decir de Eduardo Duhalde. Es que, entre otras cosas, la oposición aparece fragmentada, pues no ha alcanzado a definir ningún proyecto superador o al menos verdaderamente alternativo y se atrinchera en la negación y en los personalismos. El gesto de esa mayoría acaso también tenga como consecuencia apagar un poco las especulaciones surgidas al calor de las elecciones provinciales precedentes. A partir de aquí, la carrera hacia el 23 de octubre estará marcada por el dato objetivo de la voluntad de la gente. Todavía falta oficializar la foto del 14 de agosto. Por lo pronto, por lo que se esperaba y por lo que resultó, sobra para afirmar que el del domingo pasado ha sido un episodio extraordinario de nuestra historia democrática.

