Temas del día:

Entre la desventura y la injusticia por omisión

Las omisiones son moral y políticamente censurables. Y también legalmente, cuando penalizamos los famosos incumplimientos de deberes de los funcionarios públicos.

21 de febrero de 2015 a las 12:01 a. m.
Guillermo Lariguet*
Entre la desventura y la injusticia por omisión

Hoy no puedo escribir con la paciencia que demanda la redacción de un artículo académico. Tengo que hacerlo con urgencia. Los recientes y dolorosos acontecimientos de las inundaciones en diversas partes de la provincia de Córdoba me lo exigen. Cuando ocurren desastres naturales, una idea común es que estos son desatinos de la naturaleza. Y, por ende, culpar a la naturaleza es una forma figurada de hablar, pero descabellada. Sólo hacemos responsables a agentes humanos.Lo ocurrido en Córdoba me recuerda una reflexión que leí hace tiempo en el libro Los rostros de la injusticia , de la teórica política letona Judith Shklar. En esa obra, ella recuerda el célebre terremoto de Lisboa ocurrido en 1755. Este ocasionó, como nuestras inundaciones, perniciosos efectos vitales y materiales. Sobre dicho terremoto, reflexionaron en su época filósofos como Kant, Rousseau y Voltaire.La pregunta era, y podría ser formulada ahora, bajo la forma de una disyuntiva: ¿desventura natural o injusticia? No quiero demorar al lector en un suspenso inútil. Mi respuesta es que en las inundaciones de Córdoba hay una combinación de ambas cosas. Pero lo que nos interesa a los ciudadanos no es la parte que le toca a la naturaleza sino la que nos vincula con la acción o con la omisión –como en este caso– humana. La falta de obra pública adecuada, de un lado; la falta de prevención, por el otro, y, por último, la falta de una sistemática y eficaz ayuda post-inundaciones para los damnificados me llevan a sostener la respuesta que acabo de dar.Hay muchas formas de injusticia. Esta no se debe a una acción fallida de los funcionarios de nuestro gobierno sino a una omisión. Sí, señores. Las omisiones son moral y políticamente censurables. Y también legalmente, cuando penalizamos los famosos incumplimientos de deberes de los funcionarios públicos.La distinción conceptual entre desventura natural e injusticia es muy importante, por dos razones. Una psicológica, pues nos ayuda a estar vigilantes de lo que pensamos y sentimos cuando ocurren estos desgraciados eventos.La otra razón es normativa. Tenemos que saber que las injusticias por omisión deberían pagarse. No sólo por los daños directos e indirectos que producen. También porque dañan nuestra democracia.La dañan en dos sentidos, fundamentalmente. Primero, porque erosionan nuestra confianza en la política. Segundo, porque nos revelan que los políticos a cargo siguen incólumes en sus cargos sin pagar los costos de la injusticia.La injusticia es un estado del mundo que no debe tolerarse. Por algo Aristóteles sostenía que la emoción de la indignación estaba justificada en casos de injusticia.No caigamos en la emoción opuesta: la apatía, que es la que enfría o empalidece nuestras prácticas democráticas.

*Investigador del Conicet, miembro del Programa en Ética y Filosofía Política