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En la política argentina todavía el precio se impone al valor

Por simplificar la actividad parlamentaria al ganar o perder de las contiendas deportivas, perdemos de vista quiénes ganan o pierden efectivamente. Norma Morandini.

27 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Norma Morandini (Senadora nacional - Frente Cívico)
En la política argentina todavía el precio se impone al valor

Por simplificar la actividad parlamentaria al ganar o perder de las contiendas deportivas, perdemos de vista quiénes ganan o pierden efectivamente. En la última sesión del año del Senado Nacional, perdió la República la posibilidad de ir restaurando la normalidad en estos tiempos que se nos presentan de bonanzas. Sin urgencias ni emergencias económicas que justificaran los atajos legislativos, ya no hay ninguna razón suprema para invocar que pueda argumentar seguir prorrogando los superpoderes para que el jefe de Gabinete utilice partidas del presupuesto sin la autorización del Congreso. Lo mismo que los decretos de necesidad y urgencia, ya sin necesidad institucional ni urgencias que lo justifiquen, a no ser lo que se enarbola como justificación: las manos libres para los que gestionan. Esto constituye una concepción pragmática que, ya en su formulación, denuncia la idea del Congreso como molestia. Es aleccionador observar que cuando se trata de consagrar valores institucionales, los votos escasean. En cambio, en la misma sesión, a la hora de regular intereses, como puede ser el caso de la llamada ley de las prepagas de salud, se consiguió unanimidad, la cordialidad corrió suelta por el recinto, en un diálogo civilizado, como sucede cuando se integran en una misma ley aportes diferentes. Así sucedió también con la Ley de Salud Mental. De modo que la última sesión de la Cámara de Senadores nos devuelve una buena fotografía de la realidad. Todavía el precio se impone al valor. Con todo, el sinceramiento de las prácticas políticas viciadas o basadas en el pragmatismo obliga a seguir insistiendo sobre el ideal democrático que anhelamos alcanzar. Ese deber ser es el que nos manda la Constitución en el camino de la normalidad democrática.