“En la guerra, hay que matar al enemigo”
“Edward Snowden es un traidor que reveló a Al Qaeda el secreto de los programas de defensa y con ello nos hizo más vulnerables”, dice el autor de “El día del Chacal”.
En la jerga de los servicios de inteligencia anglosajones, un clean skin o lily-white –definiciones ambas que corresponden a un carácter aparentemente impoluto– es un individuo que nunca se ha unido a un grupo susceptib le de ser vigilado, que vive y trabaja en las sociedades occidentales sin llamar la atención, que guarda sólo en su mente las motivaciones y planes para perpetrar un atentado. "El asesino solitario es el más peligroso", subraya el escritor británico Frederick Forsyth, el autor de El día del Chacal, quien en su última novela La lista aborda ese perfil del terrorista de signo islámico que "está fuera de radar y es el gran dolor de cabeza" para las fuerzas de seguridad. El título del libro alude a una lista secreta que se revisa cada semana en el despacho oval de la Casa Blanca y que contiene los nombres de los terroristas más amenazadores para Estados Unidos, sus ciudadanos y sus intereses. La misión de una unidad que opera en la sombra es identificarlos, localizarlos y destruirlos.Forsyth (Ashford, Inglaterra, 1938) recurre a su habitual estilo periodístico, que destila una documentación meticulosa, para relatar con grandes dosis de adrenalina la operación de caza de uno de esos hombres."Primero está el odio y luego viene la justificación", escribe el Forsyth narrador sobre esos ciudadanos convertidos al terrorismo que en su novela atentan contra personajes de la vida pública que tienen a su alcance. Y lo hacen a la luz del día, al igual que en la vida real dos hermanos sin filiación conocida hicieron explotar dos artefactos caseros en plena maratón de Boston (abril de 2013) o un mes después, dos británicos de origen nigeriano asesinaban a machetazos a un soldado en las calles de Londres.Ante sucesos como estos, y que ocurrieron después de que el novelista comenzara a trabajar en La lista , Forsyth no atiende a motivaciones de tipo social o político: "Todavía no sabemos por qué estos jóvenes se radicalizan; el secreto sigue encerrado en sus mentes".
Conservador crítico
De conocido talante conservador, lo cual no le resta un ápice de independencia en sus opiniones, el escritor no comparte los argumentos de la guerra contra el terrorismo que condujeron a las invasiones de Afganistán e Irak.
“La guerra de Irak fue un desastre personal de George W. Bush, que quiso vengarse de Saddam Hussein por intentar matar a su padre y además embarcó al estúpido de Tony Blair”. Ese es su veredicto.
Forsyth se agita cuando habla del ex primer ministro británico, un político a quien nunca perdonará, dice, “por haber mentido al Parlamento” (cuando aseguró que existían pruebas sobre el arsenal de armas de destrucción masiva de Saddam) y al que responsabiliza por la enorme desconfianza que hoy suscita la clase política en el Reino Unido.
Igual de contundente se muestra a la hora de calificar a Edward Snowden, el exanalista de inteligencia que filtró miles de documentos sobre el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense: “Es un traidor que reveló a Al Qaeda el secreto de los programas de defensa y con ello nos hizo más vulnerables”.
El mismo mundo
El autor que consiguió el éxito ya con la publicación de su primera novela,
El día del Chacal
, en 1971, sigue insistiendo más de una docena de libros después en “la misma gama de personajes, de espías, mercenarios o terroristas... Ese mundo sigue siendo hoy el mismo aunque cambien los actores: antes el IRA o ETA y ahora el fundamentalismo islámico”.
Desde los tiempos de aquel asesino a sueldo que intentaba matar al presidente francés Charles De Gaulle hasta la presente era cibernética, las herramientas que tiene a mano un escritor se han sofisticado mucho, pero Forsyth prefiere seguir ciñéndose a sus fuentes directas, a sus contactos en los servicios de inteligencia o militares y a los expertos en diversos campos, en lugar de recurrir a Internet para documentarse.
La precisión en los datos sigue siendo su gran obsesión, ya sea cuando describe de manera minuciosa las operaciones de las agencias de inteligencia o la sofisticada labor de uno de los protagonistas de
La lista
, un joven genio de la informática que ayuda a interceptar en la Red al ciberpredicador islámico.
La lista que tiene como principal objetivo a ese instigador de terroristas es “necesaria” en el mundo de hoy, opina Forsyth, quien no apoya la pena de muerte en la jurisdicción civil aunque sí la ejecución de terroristas identificados: “¿Terrorismo? En la guerra, hay que matar al enemigo. Legítima defensa”.
*El País, de Madrid

