Contexto laboral. El empleo en Argentina: desafíos estructurales y agenda para el futuro

Pensar el futuro y construir soluciones en el presente no son caminos alternativos, sino complementarios. Esa articulación es una de las claves para empezar a revertir un estancamiento que lleva demasiado tiempo.

19 de abril de 2026 a las 12:01 a. m.
Manuel Mera
El empleo en Argentina: desafíos estructurales y agenda para el futuro
Los registros del empleo formal mostraron caídas interanuales en la cantidad de trabajadores registrados en la construcción y una reducción en el número de empresas activas.

El mercado de trabajo argentino arrastra un problema estructural en el que el empleo está estancado hace más de 15 años. Más aún, el empleo privado formal crece por debajo del ritmo al que se expande la población que se incorpora al mercado laboral.

A este fenómeno se suma un desgranamiento lento, pero continuo, hacia formas de inserción más precarias: crece la informalidad, aumentan los trabajadores independientes de baja productividad y se expande el monotributo como modalidad de empleo. El resultado es un mercado laboral que, lejos de consolidarse, se fragmenta.

En el contexto actual, lo positivo de la desaceleración de la inflación aún no se traduce en más empleo formal. La estabilidad es necesaria, pero no suficiente: la economía muestra algunos avances, aunque todavía sin un despegue que dinamice la creación de empleo de calidad.

Esto no sorprende. El principal motor del empleo es el crecimiento económico, ya que la expansión de la actividad genera oportunidades, mejora ingresos y fortalece condiciones laborales. Sin crecimiento, revertir el estancamiento es difícil.

Políticas laborales

Una mayor estabilidad puede sentar las bases, pero no garantiza ese proceso. La inversión, la productividad y el desarrollo de sectores dinámicos requieren tiempo y condiciones adecuadas. En ese marco, las políticas laborales cumplen un rol complementario, no crean empleo por sí solas, pero pueden ayudar a que el crecimiento se traduzca en más empleo formal.

En esa línea, el Gobierno nacional ya realizó su apuesta en materia laboral con la aprobación de la nueva ley a comienzos de este año. Como ocurre con este tipo de reformas, sus efectos no son inmediatos. Su impacto dependerá, en gran medida, de que la economía recupere dinamismo. Será en ese contexto donde podrán evaluarse sus resultados en términos de contratación, formalización y generación de empleo.

Una pregunta se abre, entonces: ¿solo queda esperar? Naturalmente, no; hay mucho por hacer. Sobre todo, hay que combinar dos dimensiones que muchas veces aparecen disociadas: pensar y hacer, dos ejes centrales en las acciones del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

Transformaciones clave

Pensar implica anticipar cómo será el mercado laboral en los próximos años, no sólo en cantidad de empleos, sino en tipos de trabajo y habilidades requeridas.

Dos transformaciones son claves. El cambio tecnológico, especialmente la inteligencia artificial, está modificando tareas, ocupaciones y demandas de habilidades. A la vez, el cambio demográfico, con envejecimiento y menos nacimientos, altera la composición de la fuerza laboral. No sólo cambia el trabajo disponible: también quienes pueden realizarlo.

La interacción entre estos procesos plantea un desafío central: la posibilidad de que se profundicen los desajustes entre la oferta y la demanda de trabajo. Es decir, que convivan sectores con dificultades para encontrar trabajadores con otros en los que las personas no logran insertarse. Anticipar estas tensiones es clave para orientar políticas educativas, formativas y laborales más efectivas.

Pero pensar el futuro no alcanza. También hay que hacer en el hoy. Esto implica actuar sobre las barreras concretas que hoy limitan el funcionamiento del mercado laboral, especialmente para aquellos grupos que enfrentan mayores dificultades de inserción. Entre ellos, los jóvenes ocupan un lugar central.

Las tasas de desempleo son significativamente más altas que en el promedio de la población, y quienes acceden a un empleo lo hacen mayoritariamente en condiciones de informalidad. Estas trayectorias iniciales condicionan el resto de la vida laboral.

Capital humano

Trabajar sobre esta problemática requiere intervenir en dimensiones muy concretas. La terminalidad educativa sigue siendo un desafío pendiente: muchos jóvenes no completan la escuela secundaria o lo hacen sin los aprendizajes necesarios. A esto se suma el déficit en habilidades socioemocionales, como son la responsabilidad, la adaptación o el trabajo en equipo, que son claves para sostener un empleo.

Fortalecer este capital humano es central. No sólo mejora las oportunidades de inserción laboral de los jóvenes, sino que también incide sobre la capacidad de las empresas para generar empleo. Un mercado laboral con trabajadores mejor preparados es, al mismo tiempo, más inclusivo y más dinámico.

En este sentido, resulta clave avanzar en iniciativas que articulen el sector público con el sector privado y que trabajen sobre problemas concretos y de corto plazo. Programas que combinen formación, desarrollo de habilidades y vinculación con empresas permiten mejorar la intermediación laboral y acercar la oferta y la demanda de trabajo.

El desafío del empleo en Argentina no admite soluciones únicas ni inmediatas. Requiere de un proceso de crecimiento económico sostenido. Pero también exige una agenda activa que anticipe transformaciones y actúe sobre las barreras existentes.

Pensar el futuro y construir soluciones en el presente no son caminos alternativos, sino complementarios. Esa articulación es, probablemente, una de las claves para empezar a revertir un estancamiento que lleva demasiado tiempo.

Director de Protección Social de Cippec