Elecciones sin cadenas
El ciudadano concurre a votar en cada oportunidad con intereses muy concretos, alineando a candidatos que hasta pueden estar disociados en la "gran política". Julio C. Perotti.
A un cuando dejó a la Presidenta lejos de los números que obtuvo en otras provincias, el 34,21 por ciento que le ofrendó en las primarias del domingo pasado ¿convirtió a Córdoba en un distrito cristinista más?Si apenas una semana antes José Manuel de la Sota se quedó con la gobernación con casi el 43 por ciento de los votos, completamente despegado del kirchnerismo, ¿qué pasó en el medio?Tal vez no haya ocurrido nada.Es simple, es claro: la sociedad confió en De la Sota, con o sin Cristina, y en Cristina, con o sin De la Sota, sucesivamente.Acaso deba pensarse que tampoco nada de eso vaya a influir en las elecciones de intendente de la ciudad de Córdoba, que se realizarán el 18 de septiembre.Es evidente que el ciudadano concurre a votar en cada oportunidad con intereses muy concretos, alineando a candidatos que hasta pueden estar disociados en lo que se define como "gran política".Esto es: una y otra vez rompe cualquier cadena invisible que pueda unir a las fuerzas y sus postulantes."Acasos" y ocasos. ¿Acaso parte del interior profundo cordobés olvidó que hace tres años estuvo en pie de guerra con el Gobierno nacional por las retenciones móviles?Si se revisan los resultados en los departamentos, se advertirá que aquellos en donde la producción agrícola-ganadera es más fuerte, los resultados son menores al promedio provincial para Cristina Fernández, pese a lo cual están por encima del 30 por ciento, con cifras que ni ella ni su extinto marido, Néstor, habían logrado en los últimos años. Es más, nunca siquiera estuvieron cerca del triunfo.Otros factores, entonces, debieron ser centrales para ese aporte: los cordobeses no son ajenos a la poca solidez que demostró la oposición al llegar a la instancia de las primarias abiertas sin acuerdos que dejaran de lado las vanidades personales.Ni Eduardo Duhalde ni Alberto Rodríguez Saá pudieron seducir desde el peronismo, ni Ricardo Alfonsín desde la Unión Cívica Radical, dos partidos con raigambre y extensión territorial en Córdoba.¿Acaso en estos tiempos hace falta un "piloto de tormentas", como se autodefinió el bonaerense?¿Acaso el modelo de San Luis, con todos sus claroscuros institucionales, puede ser trasladable a la Argentina, sin más?¿Acaso la figura de Raúl Alfonsín, si es que hay un buen recuerdo desde su condición de demócrata, aunque poco ducho en los asuntos económicos, puede ser endosada al hijo?Apenas si aquí pudo asomar la cabeza el candidato del Frente Amplio Progresista, el gobernador santafesino Hermes Binner, en su primera incursión electoral por fuera del territorio de su provincia, donde poco antes había ganado su postulante, Antonio Bonfatti.Binner contó con la alianza de un juecismo que venía golpeado por la derrota de una semana antes.Reducir el resultado al "efecto plasma" –es decir, a la conformidad de la gente porque puede pagar la cuota del televisor, como hizo el titular de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati– es cuanto menos un grosero error de percepción que lo pone a la altura de Fito Páez cuando este afirmó que le daban "asco" los porteños que habían votado por Mauricio Macri.Frenar la hegemonía. De aquí al 23 de octubre, cuando se realicen las elecciones presidenciales, Córdoba –al igual que el resto del país– será escenario de una campaña que pugnará, antes que por los candidatos presidenciales, por la boleta de diputados nacionales, bajo el argumento de achicar la porción de poder del cristinismo en el Congreso.Es decir, evitar el hegemonismo de la Presidenta en un contexto en el que, si en octubre sólo repitiese lo del domingo pasado, su poder estaría muy cerca de ser casi absoluto.No hay, a la vista, alternativas serias de reacomodamientos entre los candidatos. Nadie parece dispuesto a bajar su fórmula y, si así lo hiciera, tampoco nadie podría garantizar que los votos se transfieran de manera lineal de uno a otro binomio.El recuerdo de la Alianza, que se formó para encarar la etapa del posmenemismo, está demasiado presente como para no incidir en una entente de esta naturaleza.El intento de redefinir todo en una única fórmula murió apenas salió a la luz. Los renovados coqueteos entre el reelecto jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y Cristina Fernández terminaron de convencerlos de que hubiera sido un camino sin destino.En este contexto, es temprano aún para saber cómo se van a reencauzar las relaciones entre Cristina Fernández y De la Sota.Si la bandera del "cordobesismo", que De la Sota enarboló la noche del triunfo, el pasado domingo 7, seguirá en alto, lo sabremos cuando el gobernador electo regrese de sus vacaciones y comience a tomar acciones.El factor Capital. Hasta el 23 de octubre, Córdoba tiene otro foco de atención: la elección de intendente encuentra a las fuerzas políticas con distintas realidades y necesidades.Repasemos los que podrían estar en el pelotón de punta:Peronismo. Todo el aparato del gobierno de Juan Schiaretti está montado sobre la campaña de la fórmula que integran Héctor "Pichi" Campana y la esposa del gobernador, Alejandra Vigo.La aparición de De la Sota y de Schiaretti en los avisos televisivos confirma que Unión por Córdoba quiere aprovechar el empuje del triunfo del 7 de agosto para recuperar la intendencia de Córdoba.Olguismo. Fuera del esquema formal del justicialismo, Olga Riutort quiere cosechar votos de esa extracción, pero se la ve cerca del kirchnerismo.Quiere, sin duda, ser ungida desde la Casa Rosada. No es novedoso este acercamiento: en las elecciones parlamentarias de 2009, la hija de Riutort, Victoria Flores, acompañóal intendente de Villa María, Eduardo Accastello, como candidata a senadora.Radicalismo. Ramón Mestre (h) procura mantener el viento de cola que, hasta hace un tiempo, lo mostraba muy adelante en la carrera por la Municipalidad, aunque algunas encuestas revelan que la brecha se habría acortado.Mestre confía en que la posibilidad del triunfo saque al radicalismo del sopor en el que cayó por el tercer lugar en las elecciones de gobernador.Juecismo. Si bien Luis Juez ganó en los comicios del pasado 7 en la Capital (el único departamento que le fue favorable), el peronismo le achicó la brecha a cuatro puntos.Ahora, Juez apuesta a remontar la cuesta con la postulación de Esteban Dómina y de su propio hermano, Daniel Juez.Es probable que buena parte del resultado de septiembre se juegue el domingo 28 de agosto a las 21, cuando los cuatro se enfrenten en un verdadero debate para que los cordobeses hagan su elección, más allá de los eslóganes y las campañas edulcoradas.

