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El proyectil más mortífero contra el olvido

No olvidemos la noche tenebrosa del 3 de diciembre. No fue de noche por la ausencia de luz: fue una noche humana, 15 horas en que valía todo, vecinos transformados en animales atacando a sus vecinos de la esquina.

03 de diciembre de 2014 a las 12:02 a. m.
Luis Juez*
El proyectil más mortífero contra el olvido

El jueves 27 de noviembre, una sala de nuestra Universidad otra vez se llenó de grandeza y honor con la presentación del libro Abuela Sonia. La obra retrata la vida y lucha de Sonia Torres, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo de Córdoba. Siento un gran efecto y respeto por Sonia y por todas esas mujeres de fierro, pero quiero traer este hecho particular porque se relaciona íntimamente con la cercanía del aniversario del 3 de diciembre de 2013.Es seguro que nadie dudó de la inmensa significación de la frase "lucha de Sonia Torres", porque en este país sabemos todos a qué se refiere. Sin embargo, es posible que algún cordobés se pregunte: ¿qué pasó el 3 de diciembre de 2013?Nadie sospeche que pretendo equiparar la histórica y gigantesca dimensión de la causa de las Abuelas y Madres con los sucesos del 3 de diciembre, día del levantamiento policial en la provincia que borró literalmente cualquier frontera entre la civilización y la barbarie, sumiendo en el horror a tres millones de cordobeses. Pero sí pretendo traer a su justo y extraordinario valor la herramienta con que las heroicas mujeres dieron una lección al mundo entero: la memoria.Ellas jamás lanzaron una piedra, pero utilizaron el proyectil más mortífero contra el olvido. Ellas se ocuparon todos los jueves de acribillar primero a la apatía, luego al olvido de millones de argentinos atemorizados por la dictadura genocida. Y después de los milicos, siguieron haciéndolo, como una ceremonia imprescindible que anticipaba la justicia.Este es el sentido de mis palabras. No olvidemos la noche tenebrosa del 3 de diciembre. No fue de noche por la ausencia de luz: fue una noche humana, 15 horas en que valía todo, vecinos transformados en animales atacando a sus vecinos de la esquina. Bandas que surcaban el miedo de la zona céntrica arrebatándolo todo a todos, devorándose entre ellos. Nadie puede olvidarse de eso. Calles y rutas abandonadas de cualquier vestigio de protección o autoridad. No podemos cometer la torpeza de encajonar aquella noche como "otro grave hecho delictivo".El saqueo es, en sí mismo, una expresión de la degradación humana. También lo serían los techos de la ciudad llenos de vecinos con armas varias en custodia de la puerta de sus negocios, o de su casa. "Ciudadanos" provistos de palos y caños de acero, haciendo barricadas para evitar que pasen las diabólicas motos a chorro. Casi hombres hablando de linchamientos.

Duras imágenes

Me suena a degradación humana la imagen de un hombre joven arrebatando lo que encontraba y con violencia manoteando un portarretratos de una vivienda muy modesta. ¡Un portarretrato! ¿Qué sería la imagen de una señora bien vestida huyendo con un tacho de 10 litros de pintura, gritando “yo no estoy robando”? Tal vez no supiera que estaba debutando como delincuente. Y, finalmente, ¿cómo llamar a la escena en que un señor en la Núñez le compra un plasma de 40 pulgadas a un motociclista por 400 pesos? Tenemos el deber de recordar lo que jamás debe repetirse.

Aquel amotinamiento de las fuerzas de seguridad al que llamé “la paritaria de la 9 milímetros”, por la alevosa extorsión policial en reclamo de mejoras salariales, tenía un responsable: el gobernador de la Provincia, que en ese preciso instante daba vueltas por un

free shop

de Panamá.

Siempre los gobernantes son los responsables de todo hecho institucional ante la sociedad. De los aciertos y del caos. Hay que hacerse cargo. Si pretendés respeto, ganatelo con conducta y ejemplo.

La ausencia del Estado, la avalancha de episodios que involucraban a jefes de Drogas Peligrosas con narcotraficantes, muertes dudosas, un clima general de inseguridad, de impunidad y descrédito de las instituciones no son cuestiones que nacen de un día para otro. 16 años de gobierno son un lapso prudente como para exigir que esta plaga no se pavonee obscena por las calles de Córdoba. José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti construyeron el escenario.

Después vino lo de la Gendarmería. La sordera nacional, los teléfonos apagados y el oportunismo político de tirarse con las responsabilidades. Ya era tarde. La miseria humana había tenido su

show

y la prensa supo captarla de maneras originales.

Hubiera sido bueno que la profunda trascendencia de esos días de diciembre no hubiese pasado como

spots

ahumados de gomas quemadas y aullidos de los lobos. No es grato para nadie que le muestren un espejo con sus miserias, pero podría leerse como un deber de civilidad, de solidaridad humana y de esperanza, recordar con frecuencia el día en que nos desconocimos entre todos.

*Senador de la Nación