El obsceno show financiero
Esta economía ficción, donde pululan las megaempresas virtuales –que desaparecen dejando papeles sin valor–, ha perfeccionado su sistema, sobrevaluando títulos que luego también estallan.
Los últimos acontecimientos locales y lo sucedido ante la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos nos recuerdan la plena vigencia de la cultura financiera. Ella se encuentra instalada entre nosotros y exterioriza un pánico global, ya que ha determinado hábitos de vida, modos de comportamiento, reacciones específicas frente a determinadas circunstancias y hasta formas de interpretación de la realidad misma. También ha impregnado de tal manera nuestra sociedad que es notable percibir la obsesiva preocupación de la comunidad por los vaivenes cotidianos de los instrumentos especulativos, frente a espectadores absortos, estimulados en su ambición de enriquecerse rápidamente, tal como lo denunciara John Kenneth Galbraith, notable economista que se destacara por sus ideas iconoclastas sobre la economía y práctica de sus pares.Es que muchos siguen imbuidos por el pensamiento de Ivan Boesky –aquel financista nacido en Detroit–, quien creó un imperio basado en sus excepcionales capacidades para las finanzas y su perspicacia a la hora de prever las adquisiciones de unas empresas por otras. Ello fue hasta que agentes federales (FBI) descubrieron que se valía de múltiples datos provenientes de empleados que le transferían información privilegiada.Fue condenado y encarcelado por fraude. Antes de ser perseguido por el FBI, pregonaba que "no hay nada malo en la codicia", mientras inventaba los bonos basura.Argentina sigue teniendo un reclamo cuestionable, pero al mismo tiempo muy razonable: hay fondos que compraron en 25 algo que pretende convertirse en 100 en medio de la peor crisis económica que enfrentó la República, lo cual es claramente especulativo y hasta me animo a decir "obsceno".En este sentido, la argumentación de la Argentina es muy válida: estos fondos aprovecharon una circunstancia de colapso en precios y especulación vía las cláusulas de aceleración tras el default .
Efecto global
La globalización de la economía potenció la búsqueda de ganancias rápidas en cualquier parte del planeta, valiéndose de la informática, que ofrece a los operadores la posibilidad del
non-stop
(no parar).
Para moverse en esa inconmensurable ola de miles de millones de dólares, invaden un país o una región determinada, generando las eufóricas burbujas que luego explotan por los aires. Y es allí cuando estos
setters
rápidamente se retiran, abandonando en las arenas las arcas vacías de reservas monetarias.
Además, dejan a miles de trabajadores en la calle, cesanteados, y también a miles de pequeños y medianos ahorristas arruinados.
Esta economía ficción, donde pululan las megaempresas virtuales –que desaparecen dejando papeles sin valor–, ha perfeccionado su sistema, sobrevaluando títulos que luego también estallan cuando comienzan a transitar el camino de la realidad.
A ninguna le importa la situación de la región o el país involucrado; menos, su devastación.
Recientemente, el papa Francisco volvió a cuestionar este orden económico y financiero internacional, al considerarlo injusto y salvaje, pues ha puesto en el centro al “dios dinero”. Se cae así en un pecado de idolatría, la idolatría del dinero, y se hace imposible seguir tolerando que los mercados financieros gobiernen la suerte de los pueblos, en lugar de servir a sus necesidades.
Ha pasado a la historia, por arte y magia de estos hechiceros, la cultura original del pequeño y mediano ahorrista, quien colocaba sus esfuerzos económicos en acciones de importantes empresas surgidas de la actividad productiva.
La vorágine lo ha llevado a un estado de ansiedad que es satisfecho por la capacidad de movilización incesante que prodigan los operadores frente a un mercado competitivo.
De cara al futuro
Hoy nos preguntamos cuál será el precio de todo esto, y es por ello que se hace necesario tomar prevenciones en la economía globalizada. No puede existir una salvaguardia pasiva, sino mecanismos ciertos que están dispuestos en la inmediatez a compensar o neutralizar los efectos de este “capitalismo de casino”, como lo definiera uno de los máximos exponentes de la escuela británica de la economía política internacional, Susan Strange.
Instrumentémoslos con rapidez para evitar que el sistema financiero –pese a tener una red de seguridad muy importante– incremente de manera innecesaria y desmesurada la tasa de interés, perjudicando a la actividad productiva, el flujo exportador y, en general, a toda tarea direccionada al crecimiento del país.
Es lamentable ver este fenómeno deslizarse por todo el planeta, sirviendo de ejemplo a las generaciones en formación, que se deslumbran por esta cultura y su posibilidad de obtener rápidos ingresos.
En cambio, apenas escuchamos escuetas palabras sobre las fábricas que se inauguran o aquellas que se cierran, sobre concretos esfuerzos exportadores, sobre oportunidades tecnológicas que irrumpen o nuevos productos que se incorporan al mercado.
Aparece como atractivo y elegante encumbrar a estas personalidades sin arraigo en ninguna actividad específica, que reniegan de cualquier esfuerzo prolongado, perseverante y con sacrificio.
Es urgente revalorizar el papel de los hombres de la producción, ubicarlos en su verdadera dimensión. Incorporar sus mejores virtudes al esfuerzo nacional.
Es necesario crear una nueva cultura de la producción. Saber que nada es posible sin tiempo, espera, innovación y sacrificio. Que el futuro es posible y capaz de ser modelado con nuestras propias manos.
De aquí saldrán los legítimos protagonistas de una nueva etapa histórica, arquetipos humanos que es imprescindible rescatar. Aquellos para quienes la adversidad constituye sólo una incitación más al esfuerzo.
Una nueva generación formada por industriales audaces e innovadores, tesoneros hombres de campo que extiendan nuestras fronteras agropecuarias.
Que incorporen tecnología, incrementando de manera vertiginosa nuestra producción primaria; trabajadores esforzados, convencidos de que son parte inescindible de un proyecto común; profesionales que pongan sus vastos conocimientos para el avance de la educación y despierten una insaciable sed de aprender; políticos pragmáticos, capaces de aglutinar y dirigir el esfuerzo de todos.
En definitiva, renovados compatriotas, protagonistas todos de una misma y gran empresa histórica, sustentada en la gimnasia permanente de las ideas y en la cotidiana oración por el país.
*Presidente del Departamento Legal y de Política Social de la Unión Industrial de Córdoba

