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“El más rico de todos los hombres es el ahorrativo; el más pobre, el avaro”

En la escuela Olmos, hoy shopping ¡O!, by Angeloz, las maestras intentaban inculcarnos­ las bondades del ahorro “como base de la fortuna”.

06 de febrero de 2014 a las 02:36 p. m.
Gonio Ferrari*
“El más rico de todos los hombres es el ahorrativo; el más pobre, el avaro”

La sesuda sentencia con que se titula esta nota es del escéptico moralista francés Nicolás Sèbastien-Roch, quien suscribía sus escritos con el seudónimo Chamfort, y al leerla me transportó a los casi remotos tiempos de mi primera infancia, cuando en la escuela Olmos (hoy shopping ¡O!, by Angeloz) las maestras –que no eran "seños"– intentaban inculcarnos­ las bondades del ahorro "como base de la fortuna". Y moneda a moneda, comprábamos estampillas de la Caja Nacional de Ahorro Postal que íbamos pegando en una libreta y podíamos cambiar por dinero efectivo cuando quisiéramos, previa liquidación que nos hacían en el acto.Por lo general, esta operación se concretaba al final del ciclo lectivo y nos encontrábamos a veces con sumas que sobrepa­saban nuestra propia imaginación, porque ya las veníamos pensando en juguetes o en go­losinas.Por allí los abuelos y las tías –que por mayoría eran solte­ronas– nos regalaban de esas estampillas para engordar el álbum.Eso se llamaba ahorro, porque acumulaba dinero que excedía, para los tiempos en que escaseara.El escenario ha cambiado, los estilos son distintos y las necesidades actuales, nada que ver con las de más de medio siglo atrás, cuando nuestra mo­neda valía por lo que valía y no por lo que ahora dicen que vale o que deja de valer.Como si al ahorro lo hubieran transformado en una repudiable traición a la patria, parte de una maligna receta del imperialismo o macabro invento desestabilizador de "la opo" y del poder mediático.Ahora, ahorrar es avaricia y representa una deleznable actitud que destroza el sentido solidario. ¡Hay que gastar!, es la consigna; en qué comprar es lo de menos, pero olvidarse del colchón y sus secretos, del tarro de galletas en la alacena, del espacio detrás del bidé o del universal y clásico chanchito.Habrá que ver qué opinan los bancos, cuya oferta de ahorro decreció después de los corralitos y los cepos inexistentes que el Gobierno dice haber superado sin reconocer que existen. Total, un contrasentido más es lo de menos.La embestida antiahorro es oficial, encarnada por ese personaje contradictorio que es el exitoso gobernador del empobrecido Chaco, y curiosamente ascendido a súper ministro, Jorge Capitanich.Es una suerte que en el gabinete no exista el Ministerio de Asuntos Ridículos.No haría falta romperse la cabeza buscando candidato.

*Periodista