El Estado presente
No hay dudas de que la violencia engendra violencia. Pero en la Argentina es difícil determinar cuál de los extremos de la violencia es la que genera más violencia.
Los recientes linchamientos a delincuentes encontrados in fraganti por parte de ciudadanos enardecidos vaticinan una nueva modalidad en la lucha contra el delito: la justicia por mano propia.
Es importante realizar un breve análisis de ello, porque sus derivaciones pueden tornarse imprevisibles. Por lo pronto, no puede negarse que esta manera feroz de combatir el crimen goza de cierta aceptación en el sentimiento popular, harto de sufrir los abusos ilimitados de la delincuencia.
Exhibición de atrocidades
Además, en estos tiempos en que las redes sociales permiten difundir sin filtros lo que ocurre en la vida de las personas, los hechos llegan con imágenes a la sociedad, con objetivos similares a lo que pretende lograr cualquier campaña de publicidad comercial o política.
Se alcanza aquí, sin proponérselo, la “exhibición del castigo” al que se refiere el filósofo francés Michel Foucault cuando analiza los propósitos de la pena de muerte.
En otras palabras, el castigo a un delincuente debe trascender públicamente para que tenga efectos disuasivos a los posibles transgresores de la ley.
Esa modalidad de castigo la aplican países como Irán, Irak, Arabia Saudita y China, entre otros: la concurrencia obligatoria de los ciudadanos al cadalso para que observen en vivo las consecuencias para quien comete un crimen que por lo general es atroz.
En cambio, el amedrentamiento que provoca la pena de muerte a los criminales es notablemente menor en otras naciones, como es el caso de los Estados Unidos, donde las ejecuciones se restringen a la presencia de los familiares de las víctimas, periodistas, invitados especiales, funcionarios y, lógicamente, los verdugos.
A su vez, y en relación con los linchamientos, las culpas de estos actos de barbarie se atribuyen a la ausencia del Estado, sin considerar que existe una figura más grave todavía: “El Estado presente que neutraliza con su indiferencia corrupta cualquier tarea para impedir el accionar de los delincuentes”. O sea, el Estado no hace, pero tampoco deja “hacer”.
Prohibiciones
En la Argentina, un fárrago de leyes prohíbe hacer justicia por mano propia, lo que acota a los ciudadanos el derecho de autodefensa: la restricción a la portación y tenencia de armas de fuego y a la tenencia de perros violentos; la regulación del resguardo de los domicilios, como es la prohibición de la electrificación de cercos perimetrales; las escasas atribuciones a los guardias privados, entre otras cuestiones.
Frente a estas realidades, desde el Estado se repite sin cesar que la prevención y represión del delito es de competencia exclusivamente policial, y la aplicación de la justicia, exclusivamente del Poder Judicial.
No hay dudas de que la violencia engendra violencia. Pero en la Argentina es difícil determinar cuál de los extremos de la violencia es la que genera más violencia.
No obstante, los linchamientos permiten deducir que la verdadera mano dura para combatir a los delincuentes es la del pueblo.
Entonces, el desafío para la democracia es evitar que los ciudadanos, hartos de la delincuencia, la utilicen.
*Docente, doctor en Derecho.

