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El Estado ausente

Nadie salió desde el Gobierno provincial, menos aun del nacional, a dar respuesta a los miles de cordobeses que azorados e indefensos cerraban sus puertas a la barbarie y al vandalismo.

11 de diciembre de 2013 a las 01:15 p. m.
Miguel Casado*
El Estado ausente

Lejos está aquella "Córdoba azul de las campanas", a la que cantara Arturo Capdevila, de esta Córdoba aterrada e impotente ante los hechos ocurridos hace una semana, que no se corresponden con la riqueza de su tradición, sus antecedentes, sus históricas luchas, su doctoral estirpe que, en modo alguno, podemos soslayar en la circunstancia. ¿Cómo se ejerce el poder en una comunidad? Los antiguos pensadores de la historia, desde la antigua Grecia, respondían de modo particular a la pregunta desde su perspectiva, desde su posición filosófica y desde su tiempo histórico.Luego, con el devenir de las instituciones políticas, surgirá el Estado, donde como esencial elemento constitutivo hallamos al gobierno que, investido de autoridad y poder, es responsable de su ejercicio y, como en el caso, de sus consecuencias. Ante la gravedad de los derechos y libertades violados, al riesgo de vidas y cosas puestas en peligro, el Estado provincial –y el nacional– investido de la autoridad y el poder para ejercerlos, abdicó de sus facultades para convertirse en un Estado ausente. Nadie salió desde el Gobierno provincial, menos aun del nacional, a dar respuesta a los miles de cordobeses que azorados e indefensos cerraban sus puertas a la barbarie y al vandalismo. Vecinos nuestros unos, conocidos otros, rufianes, miserables, delincuentes todos  –"el hombre es un lobo para el hombre", ya afirmaba Plauto– salieron a mostrar sus míseras bajezas ante la retirada de un Estado que debió ejercer la autoridad y el poder para garantizar la seguridad de la comunidad.El gobernador estaba, como el Estado, ausente, pero... y la vicegobernadora, el jefe de Gabinete, la ministra de Seguridad, el jefe de Policía, ¿dónde estaban? Fue inaudito escuchar a Graciela Monteoliva decir que le faltó información. ¿En el ámbito de la Seguridad provincial nadie hizo o hace inteligencia para tener informada a su conducción con una perspectiva de hechos posibles como los ocurridos, a fin de evitarlos o controlarlos?En 1980, se estrenó la película ¿Y dónde está el piloto? , protagonizada por Leslie Nielsen. Aquí también, en convulsa comedia, la Córdoba de las Campanas desesperaba por saber dónde estaba el piloto que protegiera –como correspondía– sus vidas y sus bienes. Irónica comparación quizá para una gravísima situación de desprotección e inoperancia gubernamental que nunca antes Córdoba vivió ni mereció vivir.¿Dónde estaban esos funcionarios en momentos así, cuando hizo falta una voz, una figura, un "piloto" que llevara a buen puerto la nave desmadrada?Por su parte, el Gobierno nacional, en inexcusable "pasividad anticipada", puso en práctica aquello que los economistas llaman " laissez faire, laissez passer " (dejad hacer, dejad pasar). No se interesó ni preocupó por una ciudad lastimada por el caos, el desenfreno, las miserias, el vandalismo, la falta absoluta de orden y autoridad que, a partir del ilegal (más allá de sus razones) acuartelamiento policial, dejó a los cordobeses a merced de su suerte.Nadie, desde la Presidenta para abajo, habló, se informó o evaluó siquiera las consecuencias que los hechos pudieran provocar –y provocaron–. El Gobierno de la inclusión, de la década ganada, aquí perdió todos sus falaces argumentos, superados por mezquinos intereses políticos, por la habitual soberbia, por la encapsulada visión de conveniencias que dejó a toda Córdoba sumida en el espanto y la más absoluta indefensión.Sentenciaba hace más de dos milenios Marco Aurelio: "Lo que no es bueno para el enjambre, no es bueno para la abeja". Gobernantes, convendrá recordarlo.

*Abogado, especialista en derecho municipal.