El advenimiento del peronismo
La pueblada del 17 de octubre que reintegra a Perón al poder ocurrió no sólo por su habilidad política, sino por una serie de hechos trascendentes.
La generación de 1880 desarrolló un proceso de modernización acelerada, atado a los intereses británicos. El modelo adoptado y la ideología de las clases propietarias no permitieron un desarrollo autónomo de crecimiento. La oligarquía se respaldó en un sistema de democracia restringida y el desarrollo de una política inmigratoria que terminó incidiendo en un serio problema de identidad. Los crecientes conflictos sociales y políticos debilitaron un sistema que había perdido el norte. La irrupción del radicalismo quiebra la unidad de la oligarquía, no así el modelo dependiente.La década de 1930 revela las contradicciones sociales y políticas de la Argentina, a partir de un golpe de Estado que sólo triunfa por la debilidad del gobierno de Hipólito Yrigoyen. Doce años de dictadura camuflada, persecución de obreros y estudiantes, censura a la prensa, desconocimiento de veredictos de las urnas, fraudes, crimen en el Senado y negociados que llegaron a salpicar al propio presidente Roberto Ortiz hicieron lo que se conoce como la "década infame".Américo Ghioldi increpó en la Cámara de Diputados a la coalición oficialista: "Son factores intencionales, conscientes, voluntarios del derrumbe institucional que se viene practicando deliberadamente, desde hace algún tiempo. Es el estado de subversión de la provincia de Buenos Aires; es el fraude preliminar en febrero de este año en la provincia de Santa Fe; es el fraude presidencial de septiembre; es el manoseo de la Justicia; es la complicación de los universitarios; la complicación de hombres que profesan el culto católico; es, en una palabra, el cuadro completo de una minoría que se llama a sí misma minoría selecta y sobre la cual podemos decir que nadie le discute que sea minoría, pero que todos tenemos la duda de que sea selecta".La oligarquía había recuperado el poder a costa de todos los requisitos del orden constitucional; el radicalismo abandonó su intransigencia y convalidó de hecho el sistema. Sólo los radicales de Córdoba gobernaron con reconocido espíritu republicano.
Consecuencias
Ramón Castillo sucedió al presidente Ortiz, pero su aval a la continuidad del régimen careció de los soportes políticos necesarios. Las Fuerzas Armadas comenzaron a tomar posiciones en la vida institucional.
Luego de años de declarada profesionalidad, debido quizá a la habilidad política del presidente Agustín Pedro Justo y a la influencia de ingentes recursos recibidos, los oficiales, en su mayoría –y no sin significativas contradicciones–, se negaban a seguir convalidando el fraude y la situación de anomia institucional. La idea de su rol como guardianes de la nacionalidad comienza a imponerse con fuerza. Castillo cae y los militares entran en escena.
Esta segunda irrupción de la fuerza militar en la vida política del país puso en evidencia de inmediato que sus conductores no estaban dispuestos a entregar el gobierno. El fin de su revolución era terminar con un proceso político al que consideraban disolvente del Estado.
En el marco de la Segunda Guerra Mundial, tanto los sectores proliberales o aliadófilos como los pronacionalistas y alineados con el Eje coincidían en que la República había perdido el rumbo y que las administraciones corruptas habían contribuido a un desamparo social e institucional de consecuencias imprevisibles.
Los oficiales aglutinados en el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) lo manifestaban con absoluta claridad, según lo describe el historiador Robert Potash. La revolución comienza a mostrar coherencia una vez que los sectores nacionalistas logran hacerse del poder y adecuar las políticas de Estado a una nueva concepción de su rol. En esta etapa, se visualiza que la revolución era conducida por un astuto e inteligente estratega político, el coronel Juan Domingo Perón. El proceso se insertaba dentro de la disputa de intereses de los estados beligerantes con clara incidencia en el derrotero político.
El proyecto
Dentro de ese convulsionado contexto, el GOU define que preservar la nación sólo sería posible si los sectores abandonados a su suerte lograban integrarse a un proyecto del cual se sintieran parte y actores. Proyecto compartido por la Iglesia, ante el avance del comunismo y su histórica confrontación con los políticos e ideólogos liberales, autores del proyecto de modernidad.
La acción del Estado tomó un rumbo decididamente político y la figura del coronel Perón ante las masas y las organizaciones de los trabajadores es reconocida como propia.
Es posible colegir que la práctica política, la derrota del Eje y el desprestigio del fascismo incidieran para que los discursos emergentes del conductor y sus seguidores tomaran una fuerte impronta yrigoyenista. Este giro –ligado a la acción concreta del Gobierno– condujo a que sectores del radicalismo y del Partido Socialista se incorporaran a las filas.
Acción
La pueblada del 17 de octubre que reintegra a Perón al poder ocurrió no sólo por su habilidad política, sino por una serie de hechos trascendentes. Terminado el ciclo inicial contra el movimiento obrero, la disolución del Parlamento y la intervención a las provincias, se reorganizó la Justicia, se reafirmó el principio de neutralidad, se creó el Banco de Crédito Industrial, se reafirmó la voluntad industrialista como proyecto de país, se allanaron las oficinas de la Ceda y la Ítalo, se intervino la Corporación de Transporte, se expropió la compañía primitiva de gas, se plantearon reformas en la legislación aduanera.
Lo fundamental es que, aparte de medidas circunstanciales (aumento de salarios, mejoramiento de condiciones laborales, estatutos destinados a amparar a diversos gremios), quedaron establecidos instrumentos jurídicos tan importantes como los que crearon los tribunales de trabajo, la reglamentación de las asociaciones profesionales, la unificación del sistema de previsión social y la extensión de los beneficios de la ley de despido a todos los trabajadores.
Cambios, todos, generados desde el poder del Estado y sin duda violentos para un importante sector de la sociedad, que tuvo que allanarse no sin resistencia a un nuevo alineamiento de derechos. Claro, esto no era el problema de los trabajadores: ellos vivían, por primera vez, derechos fundamentales, y los defendieron.
Las elecciones, enmarcadas por la antinomia Braden o Perón, demostraron que gran parte de la dirigencia política de raigambre democrática no había tomado nota de que el país era otro.
*Profesor titular del seminario de Liderazgo y Estrategia en la UNC; fue presidente de la Sociedad Latinoamericana de Estrategia

