Educación para todos
Se argumenta la inclusión, que significa, literalmente, poner una cosa dentro de otra. Para que una cosa entre dentro de otra, esta debe tener suficiente capacidad para aceptarla.
Modificar la Ley de Educación Superior sólo para asegurar el ingreso irrestricto a la universidad resulta incompleto, parcial y de corto alcance, y genera un debate tardío que debió darse antes de la sanción en el Congreso de la Nación. Horizontalizar en un mismo escalón a todas las profesiones es desconocer la realidad práctica y formativa de cada una de ellas, y en modo particular de las vinculadas a las ciencias de la salud.Se argumenta la inclusión, que significa, literalmente, poner una cosa dentro de otra. Para que una cosa entre dentro de otra, esta debe tener suficiente capacidad para aceptarla. De todos modos, debemos esperar la reglamentación, a cargo del Poder Ejecutivo Nacional, para valorar la ley en su totalidad y su aplicación práctica.
Igualar hacia arriba
Estamos convencidos de que el concepto moderno, democrático y superador es la educación para todos, porque iguala hacia arriba.
En los últimos años se avanzó, y mucho, desde el Gobierno nacional, con la creación de universidades a lo largo y a lo ancho de la república. Esto es fundamental porque llega a todos e implica una tácita aceptación de la diversidad social en nuestro territorio, cuyas particularidades culturales heterogéneas deben respetarse y mantenerse a ultranza.
Los jóvenes deben estudiar donde viven, donde tienen sus afectos, su identidad. No es lo mismo el norte que el sur, ni el este que el oeste. La diversidad no es un problema; por el contrario, es un factor que suma y enriquece.
Cuando los futuros profesionales no tienen otra alternativa que estudiar en las universidades centrales, se produce el reprochable desarraigo, con una retahíla de injusticias.
Múltiples garantías
Hay que expresarlo a la luz de los resultados y la práctica de los últimos años en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba: la compleja formación de los equipos profesionales de salud requiere una estructura que asegure el concepto virtuoso del ingreso. Debemos garantizarlo, pero también debemos garantizar la permanencia, el egreso capacitado, el posgrado y la inserción laboral.
Pretender una adecuada formación en ciencias de la salud a través de las herramientas tecnológicas es un grave error, porque se aleja del vínculo sustancial de la relación con el ser humano. Esto tiene una relevancia que no se logra de ninguna manera con la más avanzada de las tecnologías.
Debemos superar de manera definitiva la formación de los equipos de salud con los criterios establecidos por inercia y con anteojeras. Hay que redireccionar la enseñanza, porque somos agentes con responsabilidad social, vinculados a la salud pública.
Nuestra práctica exige ese vínculo insoslayable, la relación con la persona, con lo que se recupera el concepto humanista de la práctica médica, que tiene el poder transformador, y se relega a un segundo plano la tecnología y la infraestructura.
En el posgrado, debemos garantizar a nuestros egresados la salida laboral, dar respuesta a los proyectos de cada uno y ofrecerles previsibilidad en el desarrollo personal, profesional y social.
Para ello, es necesario establecer reglas claras, expresadas en normativas racionales que prioricen el capital humano. Es decir, hay que facilitar el ingreso, pero también la movilidad, la educación profesional continua, salarios y jubilaciones dignas. Todo enmarcado en una carrera sanitaria que garantice los proyectos de vida. Sólo así forjaremos las herramientas mínimas para resolver los problemas de salud de los argentinos.
Insistimos: debemos evitar la hiperconcentración de los jóvenes en las megauniversidades, que deja al interior profundo sin su capital humano. Quienes venimos del interior y hemos sufrido el desarraigo, sabemos de qué hablamos.
Inclusión: un aserto parcial
Por eso, el concepto de educación para todos, a lo largo y a lo ancho del país, supera en mucho al aserto parcial de lo inclusivo.
Quienes conducen las facultades vinculadas a la salud tienen la responsabilidad ética, moral y social de garantizar a los egresados la adquisición de las competencias mínimas para el ejercicio profesional.
Un ejemplo de gran relevancia actual lo encontraremos en el Centro Regional de Educación Superior (Cres), que funciona a pleno en la ciudad de Deán Funes. La mayoría de los cursantes de las distintas carreras que allí se imparten nunca vendrían a los grandes conglomerados urbanos, por el desarraigo que ello implica. Y ello demuestra en los hechos la fuerza y la vigencia del concepto de educación para todos.
Para concluir en positivo, no debe perderse de vista la necesidad de abordar la educación en su integralidad, con la mirada puesta en las próximas generaciones.
Pensar hoy la educación superior como un compartimiento estanco, mágico, que resolverá todos los problemas educativos pendientes, es una torpeza injustificable. Por el contrario, la formación universitaria debe guardar estrecha relación y continuidad con la enseñanza primaria y la secundaria, con las exigencias que a cada cual le correspondan. Esa coherencia gradual, en el tiempo, resolverá los desafíos que se presenten en la dinámica educativa.
La sociedad participativa, a través de las instituciones de la democracia, debe darse al debate postergado de qué país queremos, el que alumbró en 1918 con la Reforma Universitaria.
Si somos capaces de ponernos de acuerdo en presupuestos básicos –galvanizado el tejido social–, la educación será el pilar fundamental de esa república reconciliada con su mejor historia, humana y progresista, que todos los argentinos nos merecemos.
*Secretario de Salud Pública y Ambiente de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, exdecano de dicha facultad entre 2009 y 2015

