Salud mental. Tristeza y ansiedad en niños y en adolescentes

Problemas de salud mental se agravan entre los más jóvenes en la Argentina, determinados por factores como la pobreza, la soledad y las deficiencias educativas.

25 de abril de 2026 a las 12:02 a. m.
Tristeza y ansiedad en niños y en adolescentes
Un informe de la UCA muestra que el 18% de los adolescente tiene síntomas de tristeza o de ansiedad.

Hay una pregunta que los adultos nos repetimos con frecuencia: ¿cuándo fue que perdimos el rumbo? Pregunta retórica, si las hay. Pero lo cierto e incontrastable es que las consecuencias del extravío se hacen día a día más visibles con los duros datos de la realidad. Esos datos que no logran modificar nada, salvo profundizar la sensación de impotencia en la sociedad

Allí están para corroborarlo las referencias que surgen del estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina sobre la tristeza y la ansiedad que afectan al 18% de los niños, niñas y adolescentes argentinos de entre 5 y 17 años. Un estudio que abunda sobre carencias diversas y que se titula "Dimensiones postergadas de bienestar estudiantil".

Con predominio de adolescentes y mayoría de mujeres, la problemática detalla las carencias materiales y la condena a una pobreza endogámica que erradica toda posibilidad de evolución o de mejora, e impacta en las evaluaciones de rendimiento escolar y limita la socialización.

No es un indicio menor que el dato que se repite es el de una infancia y una adolescencia sin amigos, solitaria y aislada, realidad que impacta de lleno en un marco donde se imponen las deficiencias de habitar, el hacinamiento, las carencias alimentarias y de atención sanitaria, y el subsecuente cuadro de déficit de atención, todo potenciado por altas cifras de ausentismo escolar (tanto de alumnos como de docentes).

La presente inseguridad alimentaria es superior a los valores registrados en 2010, tal como lo corrobora la creciente demanda en los comedores solidarios barriales que trabajan al límite, desbordados, mientras el Paicor ha debido rechazar a 22 mil postulantes.

La información que periódicamente recaba la Encuesta de la Deuda Social Argentina pormenoriza en la falta de asistencia en salud, las privaciones de indumentaria, la inseguridad alimentaria y la precariedad en el hábitat, entre otros ítems problemáticos.

De esa larga suma de deficiencias, se llega al escenario más temido: alumnos con graves déficits de atención y adolescentes pobres que no acceden a clases de idiomas, computación y actividad física o cultural.

Lo que debe enfatizarse sobre estos datos crudos no es lo novedoso, ya que se vienen observando desde hace mucho tiempo, sino el hecho de que no parecen impactar en el estamento institucional donde deberían hacerlo. En general, son más los funcionarios dispuestos relativizar estos informes que los decididos a admitir que tenemos problemas endémicos de los que no nos estamos ocupando de la manera en que corresponde.

Para ser más precisos, en estos tiempos crueles que nos tocan vivir, lo que agobia no es el peso de la realidad indoblegable, sino la casi certeza de que casi nada se está haciendo para confrontarla y modificarla, tal como si ya hubiéramos acordado que nuestros males no tienen remedio.