Amenazas. Recuperar el rol histórico de la escuela
El asesinato de un alumno en un colegio de la ciudad santafesina de San Cristóbal activó medidas de seguridad oportunas, aunque inimaginables tiempo atrás en el ámbito de la educación.
Hasta no hace mucho tiempo, era impensable que el sistema de educación escolar en la Argentina pudiera quedar enredado en asuntos políticos, judiciales y policiales.
Sin embargo, cuesta creer que el deterioro social ha ingresado a la escuela, pilar en el aprendizaje y el desarrollo de millones de niños, niñas y adolescentes.
Es complicado asimilar, asimismo, que el Gobierno de la provincia de Córdoba haya tenido que instrumentar un “protocolo de recuperación y resarcimiento de gastos” por operativos policiales puestos en acción debido a las falsas amenazas de presuntos tiroteos en determinadas instituciones educativas.
En términos concretos, el instrumento alega que cada operativo por amenazas en escuelas implica un costoso movimiento coordinado de tropa. Por ello, ante la detección de una falsa alerta, el costo del despliegue policial será facturado al o a los autores del fraude.
Es de lógica deducción que este fenómeno de pintadas y de llamadas amenazantes tiene como punto de origen la tragedia ocurrida el 30 de marzo pasado en una escuela de la ciudad de San Cristóbal, Santa Fe, donde un adolescente de 15 años ingresó al colegio armado con una escopeta y terminó matando a un compañero de 13 años.
¿Es admisible que a raíz de aquel incidente se instalara como presunción la existencia de una red internacional digital que venera la tragedia?
Todo parece posible. Lo cierto es que la escuela como institución formadora en sus distintos niveles de enseñanza ha quedado sumergida en cuestiones ajenas a su función histórica, por lo cual el Estado y la política tendrán que examinar sus responsabilidades.
Pero hay más para el desencanto: en varios colegios se ha determinado que los estudiantes no ingresen con mochilas, sino que lleven sus útiles en bolsas transparentes.
La ola de amenazas de tiroteos encendió las luces de alarma, y las madres y los padres que gastaron unos pesos en la compra de mochilas tendrán que optar ahora por bolsas de nailon.
¿Llegará el momento en que chicos y chicas sean requisados como en un estadio de fútbol antes de ingresar a clases? Hay que templar los ánimos y el sentido común para que ello no ocurra.
En paralelo al protocolo de resarcimiento de gastos de operativos policiales, las autoridades políticas y sus organismos competentes tendrán que estudiar a fondo los pormenores de este fenómeno (no es la primera vez que un alumno es descubierto ingresando al colegio con un arma de fuego). Así sea el origen del problema una red digital con fines oscuros o el efecto contagio de chicos inconscientes, son necesarias las medidas de prevención.
La seguridad escolar no admite discusiones, como tampoco se debe relativizar la cantidad de imputaciones por falsas amenazas.
Lo grave es que la mancha de la crisis social en Argentina parece haber entrado a las aulas de la peor manera.

