Ciudad de Córdoba. Un posible principio de orden para los cuidacoches

El proyecto de ordenanza que habrá de tratarse el próximo 14 del corriente mes podría ser la tardía respuesta a un problema que sucesivas gestiones municipales no encararon de manera firme sino que vieron crecer o ayudaron para que ello ocurriera.

10 de mayo de 2026 a las 12:01 a. m.
Un posible principio de orden para los cuidacoches
Estacionamiento. Naranjitas

A nadie escapa que desde hace años el espacio público ciudadano está literalmente loteado, con individuos y colectivos diversos que parecen haber licitado segmentos de calles y de veredas para su uso y beneficio. Desde particulares y negocios que expropian veredas hasta manteros diversos, feriantes múltiples, vendedores ambulantes y cuidacoches supernumerarios, sin olvidar a limpiavidrios y malabaristas, solo por citar a unos cuantos.

El de los cuidacoches o naranjitas es un caso especial, toda vez que implica escenas cotidianas de presión sobre los automovilistas cuando no hechos concretos de violencia sobre personas o automóviles estacionados, lo que por momentos dibuja la escenografía de una ciudad sin normas ni leyes, entregada a la inercia de la desprotección y a la acción del más fuerte.

Por ello el proyecto de ordenanza que habrá de tratarse el próximo 14 del corriente mes podría ser la tardía respuesta a un problema que sucesivas gestiones municipales no encararon de manera firme sino que vieron y dejaron crecer o ayudaron para que ello ocurriera.

A fuerza de ser honestos, debemos recordar que si antes no hubo consenso alguno para que este tema se tratara ha sido claramente por imposiciones ideológicas y conveniencias de la política, todo ello arropado de manera conveniente por encargados de velar por el orden que miraban hacia otro lado, con la complicidad de una Justicia indiferente.

El punto es que si se aprueba un nuevo ordenamiento estaremos ante un escenario cuanto menos llamativo y generador de no pocas preguntas.

En principio se trataría de imponer el pago digital del servicio de estacionamiento, eliminando de cuajo el uso del dinero físico, concesionando el sistema a cooperativas autorizadas y exigiendo a los trabajadores una serie de requisitos en materia de antecedentes y capacitación, mientras que a la vez se impondrían diversas sanciones a quienes insistieran en introducirse en el sistema por la fuerza, todo lo que habla de una intención superadora del proyecto.

En el capítulo de los interrogantes abiertos cabe consignar que estamos ante un fenómeno que las crisis permanentes del país han potenciado a fuerza de pobreza, desempleo y falta de oportunidades, por lo cual es válido preguntarse si la política puede solucionar el problema que la política ha creado o si, una vez más, habrá quienes encuentren en el nuevo sistema una oportunidad para seguir medrando a costa de centenares de individuos condenados a subsistir en las calles, sin obviar que se trataría de un nuevo negocio que podría ir a dar a las manos menos indicadas.

Vale inquirir cómo habrá de transparentarse el sistema y quiénes van a vigilarlo para que quienes conceden no sean los mismos que supervisan y se asegure de que no se vuelva un negocio de unos pocos a costa de muchos. Y como siempre, la pregunta final será si habrá quienes controlen a los que controlan.