Córdoba. El Paicor, un espejo del déficit alimentario
Bienvenidos los planes alimentarios de contención en las escuelas, pero el Estado también debe propiciar soluciones integrales para erradicar la pobreza.
Los programas estatales de contención alimentaria que se mantienen en agenda desde hace décadas en la Argentina son una muestra cabal de las necesidades básicas insatisfechas que afectan a gran parte de la población.
Un auxilio nutricional esencial cuyos padrones de inscriptos se van incrementando con el paso del tiempo deja en evidencia también que la pobreza y la vulnerabilidad social no han sido derrotadas.
La provincia de Córdoba mantiene como una suerte de emblema en la materia el Programa de Asistencia Integral Córdoba (Paicor), puesto en vigor en 1984 y destinado al refuerzo alimentario de alumnos de los niveles inicial, primario y secundario que asisten a los establecimientos escolares de gestión pública.
La noticia de cada inicio de ciclo escolar pasa por el sostenido crecimiento de niños, niñas y adolescentes que son inscriptos por sus padres para recibir el menú de comida en la propia escuela, o bien los módulos con 27 productos que se distribuyen durante el receso por las vacaciones de invierno y de verano.
No es complicado interpretar que el aumento constante de beneficiarios del Paicor y de otros programas a escala provincial y de los municipios revela un deterioro progresivo de la situación económica de muchas familias.
Como dimos cuenta en un informe que publicamos días atrás, para 2026 se estima una proyección de 15 mil nuevos anotados, lo que proyecta un total de 324 mil estudiantes que recibirán el refuerzo nutricional en la provincia.
Un dato relevante sobre los efectos colaterales de la pobreza y de la pérdida de poder adquisitivo en los hogares radica en que se observan solicitudes de escolares que proceden de familias de clase media baja y de inexorable descenso a nivel económico.
Como señala la encuesta difundida recientemente por el Observatorio de la Deuda Social en nuestro país, dependiente de la Universidad Católica Argentina, una familia de clase media baja (una pareja y dos menores en edad escolar) necesita alrededor de $ 2 millones por mes para vivir con cierta dignidad.
El dato, además de poner en primer plano la inseguridad alimentaria en el país, desentona con los indicadores del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Y, como enumeración recurrente, los niños son los más perjudicados entre tantas desigualdades.
En cuanto al Paicor, vale citar las declaraciones de su director, Ezequiel Ghione, quien admitió que el porcentaje de anotados al programa aumenta año a año y que hay un crecimiento de estudiantes de clase media que se postulan. Desde un perfil auspicioso, dijo que el menú Paicor mejoró en calidad, dado que se incorporaron a la dieta diaria frutas, verduras, pastas y varios cortes de carne.
Son muchas las conclusiones que pueden extraerse del fenómeno, aunque para dimensionar la crisis alcanza con observar las demandas que se multiplican en los comedores comunitarios de Córdoba.
Bienvenidos los planes de contención en las escuelas, pero el Estado debe generar soluciones integrales para erradicar la pobreza.

