Editorial La obligación de fomentar el voto joven
El aumento del ausentismo electoral en personas de 18 a 30 años revela un quiebre en el sistema político que exige reformas educativas y un mayor compromiso para pensar el futuro civil de la nación.
La salud de la república exhibe un síntoma que debe ser tratado con urgencia. Los datos que arroja la Cámara Nacional Electoral exponen una herida en el cuerpo civil: la baja participación de los nuevos votantes.
En el ciclo electoral de 2025, la inasistencia de personas entre 18 y 30 años superó la barrera de 34%. Este registro es el más alto desde hace casi una década y marca un rumbo que genera preocupación en las autoridades del máximo tribunal electoral.
Si en 2019 la ausencia fue de 16,96%, el salto hacia el presente resulta alarmante. En 2021 la cifra trepó a 27,94% y, tras un leve respiro en 2023, volvió a subir con fuerza hasta 34,52% en la última elección nacional. Sólo 65% del padrón joven se acercó a las urnas.
Mientras la población adulta mantiene su cuota de presencia en el cuarto oscuro, los chicos se alejan.
¿Por qué sucede esto? El fenómeno tiene varias caras. Por un lado, hay un descreimiento profundo sobre el poder del sufragio. Siete de cada 10 estudiantes afirman que votar es un acto vital pero que no alcanza para dar un giro real al destino de la nación.
Por otro lado, la formación cívica en el nivel secundario es escasa. A esto se añade el peso de los datos falsos en redes sociales, que enturbian la charla pública y alejan el interés por los temas de Estado.
Como adultos, toca asumir responsabilidad por este fracaso civil. La juventud no logra discernir un rumbo claro ni una política que invite a la ilusión o a la esperanza. El debate político se pierde en peleas que sólo profundizan las diferencias.
Los jóvenes de hoy asumen retos de vida inéditos, y resulta ilógico que esos desafíos no se relacionen con el acto de elegir a sus jefes o gobernantes.
La Justicia Nacional Electoral busca dar pelea a esta apatía con un plan nacional de capacitación. La Acordada Extraordinaria 108 insta a llevar programas a las aulas para crear hábitos de participación desde los 16 años.
Pero no basta con una ley o un decreto. Hace falta que el aula y cada campaña de gobierno -en todos los niveles del Estado- hagan docencia real sobre por qué el voto construye una ciudadanía libre.
El Congreso debe mirar este punto con interés y no sólo discutir si las primarias son obligatorias o si vuelven las listas colectoras.
La democracia es un cristal fino que se rompe si no lo cuidamos con cada voto que entra en la urna.
Es hora de que el sistema de poder deje de mirar su propio ombligo. Se necesita que los hijos de esta patria vuelvan a sentir que su voz tiene un peso real en el futuro de la tierra que les pertenece por derecho.

