Periodismo Libre expresión y réplica legítima: un debate sin saldar
El Presidente pretende clausurar con argumentos falsos la discusión sobre el rol del periodismo.
El presidente Javier Milei justificó días atrás su comportamiento con el periodismo nacional usando algunos argumentos que merecen ser debatidos porque involucran algunas de las garantías contempladas en nuestra Constitución Nacional.
Según el jefe del Estado, los periodistas creen que la libertad de expresión significa decir cualquier cosa sin ningún tipo de consecuencia y sin asumir ninguna responsabilidad. Reclamar ese supuesto derecho es demandar un privilegio, señala el Presidente; prerrogativa que –según sus dichos– terminó cuando él accedió al gobierno.
En segundo lugar, el Presidente sostiene que el sistema de medios en la Argentina no es libre porque la mayoría depende de la "pauta oficial de algún gobierno subnacional" y esto impide que la sociedad envíe a la quiebra a quienes publican falsedades. Para el titular del Ejecutivo Nacional, "privilegios y pauta" es el verdadero reclamo de los periodistas.
En el núcleo de nuestro sistema normativo, la Constitución garantiza el derecho a la libre expresión y esa protección especial que establece nuestra Carta Magna es fundacional e inescindible del carácter democrático y republicano del país.
Se trata de una doctrina incorporada desde la tradición liberal. Thomas Jefferson la sintetizó de esta manera: "Prefiero tener prensa sin gobierno, que gobierno sin prensa".
Pero el derecho a la libre expresión de ninguna manera exime de la responsabilidad por la comisión de algún delito.
La jurisprudencia y la doctrina en nuestro país son abundantes al respecto. Las leyes civiles y penales están vigentes y ningún periodista tiene el privilegio de abstraerse de sus normas. De modo que esa consideración del Presidente es falsa.
Tampoco acierta Milei al concebir el sistema de medios como un mecanismo de mercado absolutamente imperfecto por la incidencia de recursos fiscales asignados a la comunicación pública. Esta concepción ignora la injerencia decisiva que tiene la preferencia libremente expresada por las audiencias.
Nadie puede obligar al público a leer, escuchar o ver lo que no quiere. Su opción libre es un factor constitutivo de la dinámica de mercado en el sistema de medios.
El breve manifiesto sobre los periodistas publicado por el Presidente debe ser considerado, además, en el contexto de hostilidad de los términos con los cuales viene asumiendo el debate sobre la libre expresión y el deterioro que generan medidas como el cierre temporario aplicado a la sala de prensa de la Casa Rosada.
Como señaló Adepa, existe una diferencia entre la réplica o crítica legítima al periodismo y el insulto o la estigmatización personal que enrarece el clima para la labor periodística y afecta el derecho de la ciudadanía a la información.
Mientras el Presidente persista en la elección calculada de una estrategia de intimidación injuriante, con la excusa de la réplica temperamental antes que argumentativa, el debate que pretende saldar sobre seguirá abierto.

