Nahuel Gallo. Una liberación esperada, pero con incógnitas

La liberación y el retorno al país del gendarme Nahuel Gallo estuvieron rodeados de acciones no del todo claras para la opinión pública y que deben ser explicadas.

07 de marzo de 2026 a las 12:02 a. m.
Una liberación esperada, pero con incógnitas
Nahuel Gallo en conferencia de prensa, junto al canciller Pablo Quirno; el jefe de Gendarmería, Claudio Miguel Brilloni, y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.

Sin desconocer el lógico alivio para el protagonista de la desafortunada historia, su familia y sus allegados, la tardía liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo –después de más de 440 días de detención por parte del régimen venezolano– es una buena ocasión para repasar detalles referidos a lo que no debió suceder, lo que no debió hacerse y lo que se hizo mal.

Una serie de episodios que delatan el oportunismo de algunos, la premura de otros por salir en la foto y el secretismo impuesto a una odisea que galvanizó a la opinión pública argentina.

Para poner las cosas en contexto de manera seria y exhaustiva, habría que comenzar preguntándonos cómo fue que Gallo viajó a un país en claro conflicto con el nuestro. No hay que olvidar que se trata del integrante de una fuerza de seguridad, de modo que es lógico plantearse si no hubo un acto de ingenuidad por su parte y una dosis de ignorancia por parte de la Gendarmería acerca de lo que podría implicar la presencia de un gendarme argentino en Venezuela.

Pero más allá de esa situación particular, el foco debería ponerse en la diplomacia argentina, que viene a los tumbos, dando palos de ciego, y con enormes dosis de improvisación y desconocimiento, cuando no de costosos errores de apreciación.

No hay manera de que dos países que debieron mantener canales diplomáticos abiertos, pese a las respectivas posiciones ideológicas, puedan solucionar diferendo alguno cuando priman las decisiones viscerales. Además, ni siquiera era viable acudir a los buenos oficios de un vecino como Brasil –que podría haber ayudado en las gestiones– cuando tampoco hay diálogo alguno con nuestro principal socio en el Mercosur, detalles estos que hablan de una letal mezcla de principismo e inexperiencia.

Capítulo aparte de la historia es el regreso de Gallo al país en un avión fletado por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), entidad regida por el cuestionado Claudio "Chiqui" Tapia, quien habría gestionado la liberación del gendarme ante el organismo rector del fútbol venezolano, y este, a su vez, ante el flamante gobierno de Delcy Rodríguez.

Demasiados detalles que insinúan devolución de favores y que le quitan lustre al asunto y lo tornan desdichadamente engorroso.

Para completar el cuadro, nadie quiso contar la verdad y se prefirió apelar a medias verdades, mientras algunos se apuraban a salir en la foto, aun cuando nada tuvieran que ver en el operativo. Un verdadero muestrario de miserias que opacaba el fondo: el caso de un argentino que pasó más de 440 días en cautiverio por un delito que le atribuyó un régimen dictatorial.

Para coronar esta fiesta de la política más ramplona, se sometió a la víctima a una conferencia de prensa en la que no se le permitió o no quiso decir nada.

La opinión pública argentina necesita algo más que un festival de la posverdad; y que desde la política, quienes no participan de estos raros enjuagues exijan las necesarias precisiones. Por el momento, eso no está sucediendo.