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Opinión - Editorial

Panorama nacional. Inflación de expectativas y urgencia de reconstrucción política

El Gobierno actualiza su relato económico pero demora su reconstrucción política.

16 de mayo de 2026, 23:55
Inflación de expectativas y urgencia de reconstrucción política
Javier Milei en Neura.

Jensen Huang no estaba en la lista de ejecutivos que la Casa Blanca invitó para acompañar a Donald Trump en su visita a China. Apareció de sorpresa en Alaska, durante una escala del avión presidencial para recargar combustible.

Huang es un migrante taiwanés que llegó a Estados Unidos cuando era niño. Hoy es el director de Nvidia, la empresa proveedora del 70% de los chips que hacen posible la inteligencia artificial. Huang integró la comitiva de Trump como una de las "garantías corporativas" de la cumbre bilateral entre Estados Unidos y China.

El encuentro concluyó con el compromiso de establecer una estabilidad estratégica. Aunque prevaleció la diplomacia gestual antes que la firma de acuerdos, tanto Trump como Xi priorizaron un mensaje de competencia contenida.

Hay una característica clave de la inteligencia artificial: su cadena de suministros necesita estrategias colaborativas de los poderes políticos. Esa presión integradora de los garantes corporativos convive con la competencia geopolítica de sus líderes.

China le recordó a Trump su advertencia sobre Taiwán, que produce hoy el 68% de los semiconductores a escala global. Trump consiguió que China se pronuncie en contra del plan nuclear iraní y a favor del desbloqueo del estrecho de Ormuz. Ambos hicieron silencio sobre Rusia y Venezuela.

Trump y Xi volverán a encontrarse en septiembre, en Estados Unidos. 40 días después, votarán los norteamericanos en elecciones legislativas.

En la mesa con 12 sillas de la cena con Xi, Trump sólo sentó a dos funcionarios de su gabinete: Marco Rubio y Scott Bessent. Son también interlocutores clave de Milei, a quien le urge como si fuese propia una buena elección de Trump.

El recuerdo de Bessent volvió a sobrevolar la escena argentina esta semana. Después de 10 meses, la inflación volvió a bajar y el Gobierno celebró la noticia con un cambio apenas sutil de su relato. Ahora habla menos de la marcha del plan económico desde la herencia recibida en diciembre de 2023. Usa más otro punto de partida: el ataque especulativo de la campaña electoral de 2025. Una actualización del pecado original.

El viceministro de Economía, José Luis Daza, recordó que el año pasado el shock financiero fue brutal, la tasa de interés subió al 150% y se apretaron los encajes bancarios hasta llevarlos al 100% diario. "Es impresionante que no tengamos una recesión del 5% y que no haya quebrado ningún banco", dijo.

Daza no se explayó sobre el rescate de Bessent; prefirió elogiar el programa fiscal y monetario que mereció ese apoyo. La macroeconomía, según Daza, muestra cambios alentadores: la recomposición de reservas marcha más rápido de lo previsto. Por ingresos de dólares genuinos, sin tomar nueva deuda y reduciendo la actual.

Pero admite dos desafíos clave: el programa fiscal está tocando un límite de ajuste en el nivel federal y demanda una adecuación urgente de provincias y municipios; y la doble velocidad del modelo de crecimiento —potente en la periferia energética, agraria y minera, implosiva en los conurbanos industriales— es una amenaza latente para el respaldo social.

Para el Gobierno, es sólo cuestión de tiempo. Hasta que la mano invisible del mercado llegue a mitigar esa grieta.

El exministro macrista Hernán Lacunza se acordó del "momento Bessent" de una manera distinta. Advirtió que una dolarización de las carteras similar a la de 2025 es prácticamente inexorable en el año electoral, si el Gobierno, además de recomponer reservas, no desancla el tipo de cambio este año.

A menos que los vencimientos de deudas se reprogramen. Pero eso depende de las escasas ventanas de oportunidad que pueda ofrecer el riesgo país. Lacunza no disiente con el relato oficial de lo ocurrido en la última campaña electoral. Tanto coincide que sugiere evitarlo a tiempo antes de la próxima.

Respaldo social

Donde no hay divergencias entre economistas es en la necesidad de que el Milei político (existe, aunque él lo niegue a los gritos para preservar su existencia) renueve ante la sociedad su condición de liderazgo, para que los tiempos de la recuperación económica converjan con el proyecto de reelección.

Hasta Milei parece reconocer ahora que, además de la inflación como fenómeno monetario, existe una inflación de expectativas.

Pero para reconstruir legitimidad, tanto él como su hermana Karina piensan que a mayor obstinación del Presidente, habrá mejora del respaldo social. Es la única explicación política para la supervivencia funcional de Manuel Adorni. Otros, como Patricia Bullrich o Mauricio Macri, creen que la tenacidad en el error no es convicción sino contumacia. Corregir no es ceder el rumbo.

Tan ensimismado estuvo el Gobierno en esa trifulca interna que llegó tarde a la discusión de la marcha por el financiamiento de las universidades. Aunque tenía argumentos para defenderse, lo hizo cuando una multitud opositora ya le había capturado la calle y la agenda.

Como de costumbre, la mejor asistencia política se la sigue ofreciendo a Milei la constipación del debate opositor. Celoso de Axel Kicillof, el kirchnerismo ortodoxo salió a instalar que el primer compromiso de un candidato peronista a la presidencia debe ser el indulto a Cristina Kirchner.

El exjuez de la Corte Eugenio Zaffaroni salió a decir que el indulto es necesario hasta la sanción inmediata de una amnistía. Para explicárselo a Jensen Huang, habría que traducirlo así: el peronismo sigue siendo un circuito congestionado. Sólo admite como candidato algún semiconductor con el plan económico de siempre.