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Frenar la ola agresiva

La descalificación del ex presidente Néstor Kirchner al actual gobernador bonaerense, Daniel Scioli, resulta aberrante e inaceptable.

20 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Frenar la ola agresiva

La súbita afección cardíaca que sufrió el ex presidente Néstor Kirchner, de la que por fortuna se está recuperando en forma satisfactoria, tapó un hecho político que estaba tomando una gran dimensión: la pública desautorización que le hizo al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, en relación con el grave problema de la inseguridad. "Tengo las manos atadas", había dicho el mandatario provincial en relación con la posibilidad de solucionar de manera definitiva la ola delictiva, a lo que Kirchner respondió: "Que diga quién le ata las manos". Y agregó: "Hay que dar nombres y hablar con claridad". Ambos estaban juntos en el cierre de un seminario sobre políticas públicas realizado en un barrio porteño. Scioli guardó silencio, pero resultó indisimulable el clima de tensión que se había creado. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, intentó desviar el tema diciendo que Scioli le había aclarado que era la Justicia la que le tenía las manos atadas, pero esas palabras arrojaron más leña al fuego, ya que el Consejo de la Magistratura de aquella provincia replicó diciendo que el drama de la inseguridad no se soluciona con meras declaraciones sino con acciones de gobierno eficaces y una asignación adecuada de recursos.El tema quedó flotando y cobra nuevos bríos. A nadie escapa que el problema de fondo es la lucha por el poder en el conurbano bonaerense, la mayoría de cuyos intendentes expresó –de modo discreto– su solidaridad con el gobernador.El año que viene habrá elecciones generales –presidencial, de gobernadores, intendentes y legisladores– y ya empezaron a moverse las piezas en ese inmenso tablero electoral. También es sabido que todos los partidos y coaliciones están divididos, fragmentados, dispersos; de ahí que la lucha por las candidaturas sea dura, a veces impiadosa. Se sabe, asimismo, que Scioli ha aparecido de pronto como un presidenciable, entre otras cosas porque figura muy alto en las encuestas en su provincia, por encima de Cristina y Néstor Kirchner. En el resto del país, su popularidad es también alta, entre otros motivos por su mesura y prudencia.Pero, en cualquier caso, hay que parar esta ola de agresiones, de crispación y descalificaciones que envenena a la sociedad argentina. Y lo que resulta intolerable es que desde la cima del poder se levanten dedos acusadores y voces insultantes y descalificadoras, no sólo contra la oposición y los medios de comunicación independientes, sino también contra quienes habían demostrado una estricta fidelidad al Gobierno nacional, como es el caso de Scioli.Habrá que tener en cuenta, entonces, esta valoración de la sociedad de un hombre respetuoso de las opiniones, de gestos mesurados y de la búsqueda de acuerdos sin agravios ni crispaciones, como quien puede contribuir mejor al desarrollo y crecimiento como país.