Empleo. No hay economía sostenible si los sueldos no alcanzan

En Córdoba, uno de cada tres trabajadores busca otro empleo o más horas para sostener sus ingresos y llegar a fin de mes. Cualquier crecimiento macroeconómico pierde valor político y social si no mejora la vida cotidiana.

22 de marzo de 2026 a las 09:31 p. m.
No hay economía sostenible si los sueldos no alcanzan
El empleo es una parte vital de la economía de cualquier país.

Los números del mercado laboral vuelven a poner sobre la mesa una verdad incómoda: ya no alcanza con observar la tasa de desempleo para entender la dimensión de la crisis social.

La economista Laura Caullo, investigadora del Ieral de la Fundación Mediterránea, lo explicó con claridad al advertir que el verdadero termómetro de la angustia económica pasa hoy por la llamada “presión laboral”, un indicador que revela con precisión el deterioro de los ingresos de millones de personas.

A nivel nacional, la desocupación llegó al 7,5%. En Córdoba, al 8,8%. Sin embargo, el dato más grave es que, en la provincia, la presión laboral alcanza al 35% de la población económicamente activa.

Dicho de otro modo, más de un tercio de quienes participan del mercado laboral enfrentan problemas severos para sostener sus ingresos. A escala nacional, esa situación afecta a 5.200.000 personas.

Se trata, en definitiva, de un indicador más honesto que la tasa de desocupación a secas, porque muestra que el drama no se reduce a la falta absoluta de empleo, sino que alcanza a quienes trabajan y, pese a eso, no logran cubrir sus necesidades básicas.

Ese dato debe encender todas las alarmas. Una economía no puede considerarse saludable si una porción tan grande de su fuerza laboral vive en estado de supervivencia. Tampoco puede hablarse de recuperación real cuando miles de personas se ven empujadas al pluriempleo como estrategia de emergencia.

Tener trabajo representa, en demasiados casos, apenas un ingreso insuficiente, que obliga a sumar changas, viajes, repartos o una segunda ocupación para completar el presupuesto familiar.

Mucha gente encuentra una salida transitoria en las plataformas de transporte y de delivery. Pero esa respuesta, aunque resuelve urgencias, no reemplaza un mercado laboral sólido, formal y con perspectivas de desarrollo.

Córdoba tiene una menor proporción de empleo público por habitante que otras jurisdicciones, por lo que el sector privado explica la mayor parte del empleo. Esa característica “sincera” el mercado laboral y expone con mayor crudeza sus debilidades.

Estos datos confirman una fractura cada vez más visible entre la macroeconomía y la microeconomía.

Puede haber señales positivas en ciertas variables agregadas, una desaceleración inflacionaria o una mejora en indicadores fiscales, pero nada de eso alcanza valor social concreto si en los hogares persiste la sensación de asfixia.

La paciencia de la gente no es eterna. Ninguna sociedad acepta de manera indefinida el argumento de que el alivio llegará más adelante, mientras en el presente crecen la incertidumbre, el pluriempleo y la pérdida de poder adquisitivo.

Las autoridades deben leer estos números con menos voluntad de justificación y más sentido de urgencia. Ya no sirve buscar culpables externos ni atribuir cada fracaso a la herencia recibida, al contexto internacional o a factores ajenos.

La ciudadanía espera respuestas concretas. Hace falta una agenda que atienda la calidad del empleo, el nivel de los salarios, la recuperación del consumo y la protección de los sectores productivos que más trabajo generan.

El problema exige decisiones a la altura de su gravedad.