Editorial Desfinanciar la ciencia atenta contra el futuro

El ajuste presupuestario del sistema científico argentino arriesga capacidades construidas durante décadas y compromete el lugar del país en áreas clave, como el desarrollo espacial.

18 de mayo de 2026 a las 07:36 p. m.
Desfinanciar la ciencia atenta contra el futuro
Masiva marcha en defensa de la universidad pública en Córdoba.

Durante décadas, Argentina construyó un prestigio singular en América latina en materia científica y tecnológica. El desarrollo espacial representa uno de los ejemplos más claros de esa trayectoria.

El país figura en el reducido grupo de naciones capaces de diseñar, fabricar y lanzar satélites, una capacidad que exige conocimiento acumulado, recursos humanos altamente especializados y políticas públicas sostenidas en el tiempo.

Sin embargo, ese recorrido enfrenta en la actualidad un escenario de deterioro que genera alarma dentro de la propia comunidad científica.

Declaraciones del investigador del Conicet César Bertucci reflejan esa preocupación. El astrónomo y doctor en física espacial describió un sistema científico “estrangulado” desde el punto de vista presupuestario y advirtió sobre el riesgo de perder capacidades estratégicas difíciles de recuperar.

Su señalamiento no apunta sólo a una coyuntura económica. También expone un problema estructural: ningún desarrollo científico complejo puede sostenerse sin respaldo estatal constante.

Bertucci recordó que proyectos históricos de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, como el SAC-D/Aquarius desarrollado junto con la Nasa, permitieron investigaciones de relevancia internacional y consolidaron a la Argentina como referencia regional.

La preocupación central radica en que el reemplazo del impulso estatal por un esquema basado casi de forma exclusiva en el sector privado no garantiza continuidad para proyectos que requieren años de trabajo, planificación y financiamiento.

La formación de ingenieros, físicos, astrónomos y especialistas depende de instituciones académicas fuertes, equipadas y con presupuesto suficiente.

Cuando las universidades atraviesan situaciones límite, toda la estructura científica comienza a resentirse. El deterioro salarial, la reducción de recursos y la incertidumbre institucional generan un escenario que empuja a muchos investigadores a buscar oportunidades en otros países.

Cada investigador que abandona el país representa años de formación financiada por el propio Estado argentino. Recuperar esos perfiles demanda tiempo, recursos y condiciones estables.

La advertencia conecta de forma directa con el reclamo expresado el pasado 12 de mayo durante la Marcha Federal Universitaria en defensa de la universidad pública y de la ciencia.

La discusión no implica negar las restricciones presupuestarias que enfrenta el país. Argentina arrastra desequilibrios económicos profundos y necesita ordenar sus cuentas públicas.

Sin embargo, hay que definir qué áreas deben preservarse incluso en tiempos de ajuste.

La ciencia, la educación y la tecnología son inversiones estratégicas para el desarrollo económico, la innovación productiva y la soberanía tecnológica.

Los países que lideran el desarrollo mundial fortalecieron sus sistemas científicos y apostaron a la formación de capital humano.

En sectores sensibles como el espacial, además, existe un componente geopolítico evidente. Quien pierde capacidad propia queda condenado a depender de otros.

La frase final de Bertucci resume el desafío con crudeza: “No invertir en ciencia y tecnología es pegarse un tiro en el pie”. El país necesita equilibrio fiscal, pero también necesita futuro.