Trama social. Desempleo juvenil: una alarma en el Gran Córdoba

Un tercio de jóvenes sin empleo en el Gran Córdoba, en la edad de mayor potencialidad económica, es un anticipo de brechas cada vez más profundas de desigualdad social y una señal certeramente premonitoria de todos los conflictos sociales que sobrevienen con el aumento de la marginalidad.

24 de mayo de 2026 a las 12:02 a. m.
Desempleo juvenil: una alarma en el Gran Córdoba
El desempleo en el Gran Córdoba crece.

En la ciudad de Córdoba y en el conurbano que la rodea, uno de cada tres jóvenes económicamente activos no consigue trabajo. En la franja de ciudadanos que tienen entre 18 y 21 años, la tasa de desempleo llega al 35,1%, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

El dato pone sobre la mesa una realidad inquietante: la falta de trabajo afecta con mayor perjuicio al sector juvenil, donde el nivel de desocupación supera con amplitud el promedio general de 8,8% del Gran Córdoba.

Que el problema de la desocupación impacte con mayor intensidad entre los jóvenes es una señal preocupante para toda nuestra trama social. Y demanda que el tema sea atendido con urgencia.

El índice de desempleo induce a pensar en primer término en la carencia de un ingreso económico, pero en verdad revela procesos de fragmentación social con efectos muy profundos en la situación emocional de las familias. En especial cuando la falta de un empleo estable y digno se prolonga en el tiempo hasta transformarse en un fenómeno estructural lacerante.

La pérdida del empleo –o la frustración por buscarlo y no conseguirlo– tiene consecuencias gravísimas en la salud mental y física de las personas, es un vector innegable en el crecimiento de las tensiones familiares y proyecta una sombra de desamparo y privaciones sobre la vulnerabilidad de las infancias.

Un tercio de jóvenes sin empleo en el Gran Córdoba, en la edad de mayor potencialidad económica, es un anticipo de brechas cada vez más profundas de desigualdad social, y una señal certeramente premonitoria de todos los conflictos sociales que sobrevienen con el aumento de la marginalidad.

No se trata de presunciones. Existe una correlación suficientemente probada en la experiencia social entre el incremento del desempleo y la desintegración familiar, el aislamiento por la pérdida de redes de apoyo, el aumento de problemáticas como las conductas de riesgo, y la inseguridad.

Incluso desde la perspectiva del marco institucional que regula nuestra convivencia, crece el riesgo de contingencias por la profundización de la polarización social y la desconfianza en las aptitudes del sistema para procesar las contradicciones entre los ideales de libertad e igualdad y una realidad que genera mayores exclusiones.

Frente a estos desafíos, las autoridades nacionales explican que el reordenamiento macroeconómico es el requisito imprescindible para el crecimiento de la actividad. Pero soslayan la instrumentación de medidas activas para mitigar una transición recesiva para el empleo.

Por su parte, las autoridades provinciales enfatizan que la creación de trabajo es el norte de la gestión local. Pero en ocasiones también relativizan la influencia que, para alcanzar un orden macroeconómico estable, tienen tanto el equilibrio fiscal como la presión tributaria propia.

La dimensión del problema del desempleo juvenil urge una gestión intensa, generosa y colaborativa de todas las instancias institucionales.