Femicidio. Caso Agostina: mucha sobreactuación y poca autocrítica
Las circunstancias que rodearon el asesinato de la adolescente de 14 años dejaron al descubierto fallas procedimentales, excesos de protagonismos y dudosas maniobras políticas.
El femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años cuyo cuerpo fue hallado el pasado sábado en un predio del barrio Ampliación Ferreyra, en la zona sudeste de la ciudad de Córdoba, conmocionó al país. El caso abrió además múltiples interpretaciones y conjeturas sobre los motivos que llevaron a Claudio Barrelier, único procesado en la causa, a cometer semejante atrocidad.
Sin embargo, aun cuando el dolor incontenible de los familiares de la menor ultimada contagiaba a toda la comunidad, comenzaron a deslizarse pases de facturas propios de la baja política.
A la vez, se hicieron oír los pedidos de jury de enjuiciamiento para los fiscales Raúl Garzón, a cargo de la investigación, e Iván Rodríguez, quien en 2025 liberó a Barrelier pese a que este había imputado por violencia de género.
Quedan, no obstante, reacciones expuestas a la crítica, como cuando en una rueda de prensa Garzón se despachó con una frase incomprensible, en la que afirmó que el perro que encontró el cadáver merecía "una medalla de distinción”.
¿Es necesario explicarle a un funcionario judicial de ese calibre que no pueden dispensarse honores caninos o humanos cuando un operativo de búsqueda, aunque hubiera sido denodado y sin descanso, no tuvo el final esperado: la aparición con vida de Agostina?
Hay hechos que desde el principio parecen destinados a marcar un punto de quiebre en la dinámica de una sociedad. Las circunstancias que rodearon el brutal asesinato de Agostina es uno de ellos. Y es hora de que la clase dirigente tome conciencia y actúe en consecuencia.
No son tiempos de autoelogios, sino de autocrítica. Eso implica revisar qué se podría haber hecho mejor para que la angustia de una familia, aun cuando la tragedia no se hubiera podido evitar, al menos no se prolongara durante una semana.
Tampoco son oportunas las absurdas justificaciones de acomodos políticos, mezclados con el submundo de las barrabravas del fútbol y la militancia rentada, que generan repudio social desde hace décadas.
¿Nadie sabía en la Municipalidad de Córdoba que revistaba como becario un imputado y sujeto presuntamente peligroso?
Demasiada oscuridad en la superficie. Un fiscal que ignoró la primera luz de alerta en 2025; un concejal que entendió que su deber era defender a su recomendado como agente municipal, antes que honrar a la ciudadanía que lo había votado.
Un contexto en el que nunca faltan los “opinólogos” que critican la labor del periodismo, pero que se despabilaron una vez que la prensa nacional hizo foco en Córdoba.
Nada devolverá la vida de Agostina ni la paz a su familia. Pero no por ello se acallará el clamor popular. Córdoba podrá salir de esta tragedia con el consuelo de que sirvió para que Ni Una Menos no sea sólo una consigna sino un firme compromiso asumido por la comunidad en su conjunto, en su lucha irrenunciable contra la violencia de género.

