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El arte en la escuela

La experiencia positiva de la inclusión de la actividad teatral en varias escuelas de Córdoba debería incentivar a que todo el sistema educativo provincial se sume a la iniciativa y brinde a los alumnos esta posibilidad de aprendizaje y expresión personal.

03 de mayo de 2013 a las 12:01 a. m.
El arte en la escuela

Un informe publicado por este diario el sábado pasado reveló los múltiples beneficios que genera la inclusión de la actividad teatral en el sistema educativo, tanto en la escuela primaria como en la secundaria.

Hablamos de actividad teatral para englobar en esa denominación tres opciones: la asignatura Teatro, de cursado regular; la asistencia de los estudiantes a los teatros para apreciar la representación de distintos tipos de obras, y la visita de una compañía de actores a la escuela, para ofrecer allí una función especial.

Entre los testimonios recogidos, vale destacar la opinión de una actriz y directora: “Los chicos pueden canalizar situaciones dramáticas que les tocan vivir, con otros niños o adultos. Les pasan cosas de las que no pueden hablar y que no pueden entender, como la violencia. El teatro es un cable a tierra. Es la mejor forma de comunicarnos con los chicos”.

Un docente advirtió que la puesta en juego de la imaginación y de la creatividad permite pequeñas pero importantes transformaciones en los participantes, de modo que, por ejemplo, “vemos que chicos tímidos, con el tiempo pueden desenvolverse y hablar, o niños tartamudos dejan de serlo”.

Ver obras de teatro también genera importantes aprendizajes. El espectador debe saber “esperar y escuchar”, lo que se traduce en una mejora de la atención. Además, como luego de estas representaciones especiales se realizan debates, se promueve un análisis crítico de lo visto.

Sin embargo, una vicedirectora reconoció que la currícula escolar no incluye a teatro como asignatura obligatoria. En consecuencia, cabe subrayar que si la relación entre la actividad teatral y las escuelas viene creciendo de manera sostenida en los últimos años, es por los resultados positivos que cosecharon las comunidades escolares que se propusieron hacer la experiencia.

Los proyectos en ejecución, entonces, dependen de cada escuela, del compromiso que ha asumido alrededor de ellos una comunidad educativa particular, más allá de las dificultades materiales, edilicias y de recursos humanos que suelen aflorar como obstáculos que parecen insalvables cuando se trata de innovar en la rutina escolar.

La primera pregunta que se desprende de todo esto es si no ha llegado la hora de que el Ministerio de Educación provincial premie y acompañe estas iniciativas permitiendo a sus hacedores, por ejemplo, que den testimonio de lo que han hecho y hacen, para que otras escuelas se animen a seguir su ejemplo. Lógicamente, el Ministerio podría ayudar por vías más contantes y sonantes.

La segunda pregunta remite a la desigualdad entre las asignaturas: hasta cuándo el arte tendrá que seguir demostrando que tiene las mismas condiciones que las ciencias, digamos, para educar a las jóvenes generaciones. Porque lo que estamos destacando sobre el teatro podría decirse respecto de cualquier otra disciplina artística. La plástica, la música, la danza, la literatura, también tienen potencialidad para conducir aprendizajes significativos.