Doble discurso sobre energía eléctrica
Quienes conocen los detalles del sector eléctrico insisten en que el Gobierno dilapidó las reservas operativas del sistema argentino de interconexión.
Molesta al ciudadano la reiteración de los llamados “cortes de luz”. Este hecho repetido ocurre en todas partes del país, desde Orán hasta Río Gallegos, incluidas las regiones central, pampeana, litoral y cuyana, además de la isla de Tierra del Fuego. El panorama del sistema eléctrico nacional no puede ser más crítico.
Al analizar las diversas opiniones que abundan sobre este hecho, se identifican (al menos) tres vertientes distintas: 1) quienes como responsables opinan desde el mismo Estado; 2) quienes conocen los detalles técnicos y estructurales del sector eléctrico y 3) quienes “llevan agua” para su molino.
Los primeros no hacen más que deslindar responsabilidades y tapar sus ineptitudes con mentiras, con falacias verbales o justificaciones poco creíbles. Así la cosa no va, e irá de mal en peor si se sigue como estamos.
El eslogan de “la década ganada” no sirve, porque el país está en decadencia, la infraestructura de (todos) los servicios públicos ya no sirve ni tiene dimensión futura porque simplemente no hay ninguna planificación seria, ni siquiera de cara a 2015.
El país no puede cambiar de clima ni tampoco de gobernantes hasta esa fecha. Por lo tanto, prevalece lo que natura nos da y a eso hay que ajustarse. Necio es negarse a buscar soluciones razonables.
Quienes conocen los detalles estructurales del sector eléctrico insisten (con razón) en que el Gobierno dilapidó las reservas operativas del sistema argentino de interconexión (Sadi) y abandonó en el rincón ideológico el manejo responsable de las reservas de energía primaria (petróleo y gas).
Los profesionales independientes del sector eléctrico han planteado, desde 2003 hasta hoy, recomendaciones, estudios y advertencias al Estado sobre lo que nos pasa ahora, a causa de tanto desquicio oficial en el sector.
En 2003 la demanda nacional de energía eléctrica del Sadi (sin Patagonia) rondaba los 14 mil megawatts (MW) en invierno y ha crecido en forma progresiva hasta más de 23 mil MW este verano. Esto significa que si ahora la demanda orilla esta magnitud, en 2020 superará seguramente los 30 mil MW.
¿Quién se hará cargo de planificar el futuro en esta materia? Es probable que la administración actual diga que no lo hará, porque no hay recursos económicos y materiales. Tampoco habrá tiempo...
El Gobierno nacional tiene el deber ineludible de planificar como sea, pero responsablemente, con pautas ciertas y con el compromiso final de asegurar que el próximo gobierno tenga resuelto el problema estructural del recurso de la energía en el país.
Dicho de paso, se aclara que la evolución razonable del sector eléctrico conlleva en conjunto el equipamiento en generación, transmisión y distribución.
La inversión es a menudo objeto de polémicas políticas que, al no aportar medidas estructurales y soluciones sensatas basadas en estadísticas firmes y confiables, no son más que argumentos intrascendentes y pueriles, o peor, suenan a ignorancia supina en la materia por quienes las sostienen.
Para esclarecer esto, se sugiere destacar que la dinámica de la previsión por medio de la observación sistemática del crecimiento de la demanda debe ser en períodos plurianuales (hasta cinco años), para luego proceder a invertir capital e insumos año por año mediante el presupuesto planificado y sostenido por la Nación y las provincias en pactos federales plurianuales.
Se insiste en sostener que estos acuerdos debieran cumplirse con prioridad como política de Estado.
*Ingeniero, especialista en sistemas eléctricos.

