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El diálogo político

Hay que rescatar a nuestra sociedad del desa­liento. A esa sociedad que también pone en duda la existencia de reglas básicas de convivencia social y política.

28 de mayo de 2013 a las 02:00 p. m.
Eduardo Córdoba*
El diálogo político

Si bien sabemos que el diálogo político hace a la esencia de la democracia, estamos muy lejos de practicarlo.

La circulación del tema jamás cesará, pues es una demanda cada vez mayor de la sociedad en su conjunto. Las acciones que la dinamizan tienen en él un certero camino para el intercambio de opiniones, información y consulta entre los distintos sectores. Y aparece así, en primer orden, como el signo instrumental por excelencia.

No esperamos del actual Gobierno, lamentablemente, la ejemplaridad de un llamado al diálogo. Todo lo contrario, pues ha concentrado todo el espectro de poder en un enclaustramiento pleno y, desde una extraña visión, divide al mundo en buenos y malos.

La sociedad vuelve su mirada al ámbito político, intelectual y hasta sindical, buscando en ellos ideales y valores capaces de actualizar la reconstrucción de una verdadera democracia.

Esos mismos valores que la inmensa mayoría quiere alcanzar son los que representan aquellos manifestantes que llenaron los espacios públicos en distintas ocasiones y que peticionan, entre otras demandas, el llamado al diálogo político.

Mientras tanto, la gente comienza a cansarse de la hipocresía de las palabras. Que le mientan. Que se encubra la corrupción. Que se usen dos pesas y medidas.

Acciones necesarias. Es imprescindible retomar el diálogo concreto sobre puntos básicos en los que deben estar presentes los valores cívicos que les sirvan de sustento.

Hay que rescatar a nuestra sociedad del desaliento. A esa sociedad que también pone en duda la existencia de reglas básicas de convivencia social y política.

Bien lo decía el padre Pedro Torres, en su columna del Comipaz, publicada el 7 de mayo en este diario, al citar al papa Juan XXIII, quien en su encíclica “Paz en la Tierra” afirmaba que los cuatro pilares sobre los que se asienta la paz social son la verdad, la justicia, la libertad y el amor.

Los discursos y las acciones de toda la dirigencia deben encontrarse en el escenario convocante del diálogo y ser regidos por estos principios universales.

*Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.