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¿De qué se trata la movilización contra la Corte Suprema?

El oficialismo intenta construir una realidad con sus propias palabras. Esa realidad, a su vez, se transforma en una necesidad: la destitución de los integrantes del máximo tribunal argentino.

30 de enero de 2022 a las 12:02 a. m.
Juan Mocoroa
¿De qué se trata la movilización contra la Corte Suprema?
Relato. El Gobierno no redobla su avanzada contra el Poder Judicial. (Télam)

Una vez más, el Poder Judicial está en el centro de la escena. Parece que nuestro país cíclicamente vuelve al mismo punto. Cada vez que el partido político que asumió el 10 de diciembre de 2019 ejerce el poder, volvemos a discutir los mismos temas. Esto es, cómo debe organizarse la Justicia, qué rol debe tener la Corte Suprema de Justicia de la Nación, cuál debe ser la conformación de los tribunales y cómo debemos diseñar la distribución de nuestros jueces.

Esto no es un problema en sí mismo. Por el contrario, deberíamos festejarlo: siempre es bueno que deliberemos sobre los aspectos fundamentales del diseño institucional de nuestro país. Esto es así por varios motivos: nuestras instituciones más fundamentales permiten, u obstaculizan, controlar el poder, visibilizar voces disidentes en una comunidad y canalizar las demandas ciudadanas.

Esto sí es un problema, sin embargo, cuando las intenciones de quienes pretenden modificar las tuercas y tornillos de la infraestructura de la Justicia no son neutrales. Menos aun si esas intenciones tienen objetivos ajenos a los fines constitucionales que todos abrazamos.

En este escenario, nos han convocado a una movilización para este 1° de febrero con un único objeto: “Echar a todos los miembros de la Corte”. La convocatoria es pregonada incluso por altos funcionarios del Poder Ejecutivo. Sin embargo, las causas de este desaguisado institucional o están ausentes o son desconcertantes. Nos dicen que la marcha tiene por finalidad cuestionar la lentitud de la Justicia y el supuesto apoyo judicial a la oposición al Gobierno.

El influjo de “bullshit”

En la literatura filosófica, Harry Frankfurt hizo un muy meditado estudio sobre la estructura del término bullshit. Aun cuando es difícil encontrar una traducción precisa de este termino, se lo suele traducir como charlatanería o patraña.

En su estudio, Frankfurt nos advierte que, en términos técnicos, debe distinguirse de la mentira. El mentiroso es aquel que con el fin específico de ocultar la verdad profiere un enunciado. Pero, por eso mismo, considera la verdad de sus palabras. Esto es, la tiene en cuenta, al menos para que su propia mentira tenga sentido. Mientras que el charlatán, por el contrario, solo busca persuadir a un sujeto, sin tener en cuenta la verdad de sus propias aserciones. Actúa, en definitiva, con desinterés por la verdad.

Estamos bajo el influjo del bullshit. El oficialismo intenta construir una realidad con sus propias palabras. Esa realidad, a su vez, se transforma en una necesidad: la destitución de los integrantes de la Corte. Pero las razones que invoca para ello no son mas que una fantasía y carecen de anclaje en la Constitución.

No tienen en cuenta los cauces institucionales para producir la destitución de los miembros de aquella (el juicio político) y porque sus verdaderas intenciones parecen estar muy lejos de aquellos fines.

Pensar una reforma al Poder Judicial, sin embargo, implica reflexionar sobre las bases de una “política arquitectónica”. Esas bases deben sustentar los cambios, con un claro objetivo. Este no puede ser otro que dar una respuesta a los problemas que podemos identificar en el funcionamiento práctico de la Justicia.

Estos problemas se refieren a la eficiencia de la Justicia para la resolución de los conflictos en tiempo, la legitimidad de sus decisiones en contextos muy divisivos y la sospecha de falta de independencia e imparcialidad de sus integrantes.

Ahora bien, cuestionar la marcha, sospechar de sus verdaderas intenciones no implica sostener que no existe posibilidad de crítica a los integrantes de un poder del Estado. Estas expresiones tienen respaldo constitucional: ese es el lugar de la libertad de expresión. Por el contrario, por las funciones que ellos ocupan y por la dignidad que conllevan sus cargos, están expuestos al escrutinio público mucho más estricto que el resto de nosotros.

Debemos distinguir, no obstante, la crítica de la presión. En especial, en momentos como los actuales, en los que un sitial de la Corte está esperando una nueva designación para que aquella quede integrada de modo correcto. Por eso, parece que estas acciones están mas enderezadas a presionar partidariamente a los integrantes del Poder Judicial que a poner en el debate público la necesidad de modificar el funcionamiento de la Corte.

Y, aun cuando nos mienten o por eso mismo, debemos estar precavidos de aquellos que nos quieren hacer creer una realidad para alcanzar sus propios fines. En especial, si uno de esos fines pareciera poner en cuestión la división de poderes. Todo lo demás sólo es un gran bullshit.

* Docente de Derecho Constitucional (UNC y Universidad Siglo 21)