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De lealtades y deslealtades en el ejercicio del Gobierno

Héctor Timerman tuvo en sus manos la tarea de recomponer las relaciones con Washington, dañadas por el caso de la maleta de Antonini Wilson.Horacio Serafini.

20 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
De lealtades y deslealtades en el ejercicio del Gobierno

Del mismo modo que la lealtad cotiza caro en la política, la deslealtad se paga cara. Pero esos valores son aún más caros en el ejercicio de la política que hacen Cristina y Néstor Kirchner. La Presidenta y su antecesor llevan esas concepciones al extremo; la mayoría de las veces, sin cuidados formales hasta con los que les han dado pruebas de lealtad.

"Tenés que ser leal, como Boudou", le enrostró la Presidenta a Jorge Taiana, en el medio de la discusión telefónica matinal del viernes. Justamente a Taiana, cultor de un perfil reservadísimo, hasta por personalidad, que mantuvo durante sus cuatro años y medio.

El ejemplo de Boudou no le puede caber a Taiana. De meteórica carrera al frente de la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses), desde que llegó al Palacio de Hacienda Boudou se convirtió en un leal de aquellos que ni siquiera atina a tener opiniones propias y se limitó al papel de simple ejecutor de las decisiones de Cristina y Néstor Kirchner.

Taiana, en cambio, las tuvo, sin por ello considerarse a sí mismo un desleal. Concibe que sólo se puede ser leal a partir de plantear posiciones diferentes. A tal punto les fue leal que soportó estoico desplantes públicos de la Presidenta, que una vez lo culpó de su llegada tarde a una cumbre del Mercosur y otra lo responsabilizó por la visita del presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, denunciado por violaciones de los derechos humanos por Amnistía Internacional. Pero quizá su máximo ejercicio de lealtad tuvo que ver con hacer la vista gorda, a contragusto suyo, del esmerilado de sus funciones de canciller. Néstor y Cristina desarrollaron "diplomacias paralelas" en la relación con Venezuela y con Estados Unidos.

En las manos de Héctor Timerman, un incondicional, quedó la tarea de recomponer la relación con Washington después del caso de la maleta de Guido Antonini Wilson. El embajador en Estados Unidos, que hizo posible el retardado encuentro de la Presidenta con Barack Obama, tuvo su premio: será el sucesor.

También supo Taiana que la relación con Venezuela le era territorio vedado. Desde los inicios del kirchnerismo, la atención de los vínculos con el gobierno de Hugo Chávez está a cargo del ministro de Planificación, Julio De Vido.

Cuidadoso de la relación institucional con el Poder Legislativo, Taiana, sin embargo, no compartió la decisión de la Casa Rosada del faltazo del ex embajador en Venezuela Eduardo Sadous a la citación de una comisión en Diputados para que ampliara su testimonio judicial acerca del supuesto pago de coimas en el comercio con Venezuela. Pero tuvo su pequeña revancha: su último acto como canciller fue autorizar a Sadous a presentarse. Demasiadas deslealtades para la concepción kirchnerista. Taiana se convirtió así en el séptimo ministro que se aleja del gabinete de Cristina Fernández. Por el conflicto con el campo, tuvieron que hacer sus maletas Alberto Fernández y Martín Lousteau.

Por la derrota en las legislativas de hace un año, tuvieron que irse Sergio Massa, Carlos Fernández, Juan Carlos Tedesco y Graciela Ocaña.