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Datos para entender por qué la guerra de Ucrania es geopolítica y no económica

Los cambios drásticos que implica para el mundo la invasión ordenada por Vladimir Putin ya se están viendo no sólo en Europa, sino también en Japón, en Corea del Sur e incluso en China.

18 de marzo de 2022, 00:07
Datos para entender por qué la guerra de Ucrania es geopolítica y no económica
La invasión rusa en Ucrania deja una estela de destrucción a su paso. (Foto / AP)

La guerra en Europa apareció casi de manera repentina. Hace unas pocas semanas, se hablaba con cautela del inicio de la segunda guerra fría. Hoy, ya se especula con la posibilidad de que un mínimo error desate la tercera guerra mundial, de características catastróficas para la humanidad.

Esta es la dinámica vertiginosa de un conflicto cuyo final se desconoce.

Un bombero ucraniano camina por los restos destruidos de un galpón de productos alimenticios  que fue destruido por por los bombardeos rusos cerca de Kiev. (AP Photo / Vadim Ghirda)
Un bombero ucraniano camina por los restos destruidos de un galpón de productos alimenticios que fue destruido por por los bombardeos rusos cerca de Kiev. (AP Photo / Vadim Ghirda) (AP)

Occidente creyó que la falta de agresividad que mostraba Rusia entre los años 1980 y 1990, con posterioridad al colapso de la Unión Soviética, sería una consecuencia ya definitiva de su derrota. Había vencedores y vencidos.

Aquellos creyeron con fervor que se asistía al “fin de la historia”, confundiendo que la disputa era entre capitalismo y comunismo, democracia y totalitarismo, y en medio del fárrago intelectual, creer que poder y producto interno bruto eran sinónimos. Pero la naturaleza de la disputa, antes y ahora, es geopolítica.

Los reclamos de Boris Yeltsin –el más prooccidental y liberal de los líderes rusos que sucedieron al colapso de la URSS– para que la Otan no avanzara hacia el este, según el acuerdo Baker-Gorbachov del 9 de febrero de 1990, fueron ignorados. Rusia, vencida, debía retroceder a los límites previos a Pedro el Grande y Catalina II.

“La Santa y Eterna Madre Rusia”, como la llama Allosha en Los hermanos Karamazov, con su extensión exorbitante, sus recursos incalculables y su voluntad indoblegable no parece haber rendido nunca sus pretensiones de actor central de la política mundial. Las limitaciones y las debilidades que mostraba Moscú entre los años 1980 y 1990 fueron un entreacto.

El objetivo explícito de Putin

Contribuir a la pérdida de la primacía global de Washington y a la reinstalación de Rusia como poder mundial fue siempre objetivo explícito de Vladimir Putin. La anexión de Crimea (2014) y la intervención en Siria (2015) fueron expresión lógica de una visión internacional y una proyección geopolítica, la lucha por el dominio del corazón euroasiático, que Rusia nunca abandonó.

Vladimir Putin.
Vladimir Putin. (web)

La invasión a Ucrania produce una alteración dramática del sistema global, de características estructurales y probablemente irreversibles, de manera tal que resulta difícil encontrar parangones en la historia, ya que el hecho sucede en un momento de cambio epocal sin precedentes de la humanidad y afecta profundamente las disputas comerciales, financieras y las relativas a la revolución tecnológica.

La globalización está cediendo lugares importantes a nuevos espacios que buscan, antes que nada, su propia seguridad, autonomía y suficiencia de los recursos estratégicos.

La desvinculación de la dependencia externa, el famoso “decoupling”, del que Donald Trump hizo bandera, cobra nueva energía, y las potencias aplican en ese empeño recursos enormes.

El eje geopolítico

Occidente deja definitivamente de ser un concepto geográfico y se consolida como un eje geopolítico e ideológico que trasciende la alianza atlántica de Europa y los Estados Unidos. Japón, Corea del Sur, Singapur y Australia, partes centrales del occidente global, ratifican o rediseñan sus políticas estratégicas que convergen de manera vigorosa. Putin lo hizo.

Sólo el tiempo permitirá dilucidar la naturaleza y la durabilidad de esta unidad occidental que no está exenta de diferencias profundas disimuladas por la guerra, pero que ha decidido permanecer unida defendiendo, también, su forma de vida política.

Estados Unidos, relanzado a la ocupación del centro del tablero mundial, se reencuentra con sus socios de Bruselas y parece recuperar la confianza perdida de sus aliados. Tampoco duda en fortalecer la Otan, de la que pretendía alejarse hace solo un par de años.

Sin abandonar su proyección internacional, vuelve sobre sí mismo en la autonomía del desarrollo tecnológico estratégico aplicando recursos trimillonarios y limitando el acceso a sus competidores, principalmente a China.

Europa, de nuevo protagonista

De forma repentina, Europa se lanza a la recuperación del espíritu de Carlomagno. Deja de lado sus contenciosos internos y se muestra sin fisuras frente a la amenaza del Este, para lo cual adopta políticas estratégicas comunes, particularmente en defensa, finanzas, tecnología y comercio.

Los países del mundo impusieron sanciones económicas y financieras a Rusia por invadir Ucrania. (AP / Alexander Zemlianichenko Jr, File)
Los países del mundo impusieron sanciones económicas y financieras a Rusia por invadir Ucrania. (AP / Alexander Zemlianichenko Jr, File) (AP)

Suiza, increíblemente, se suma a las sanciones. Un hecho notable lo constituye el cambio histórico de Alemania, que abandona de manera abrupta y contundente la Neue Ostpolitik, el pacifismo ingenuo del modelo socialdemócrata que impuso Herbert Frahm, más conocido como Willy Brandt, y se lanza, después de siete décadas, a convertirse en pocos años en la potencia militar más poderosa de Europa.

La Otan, que hasta ahora discutía su razón de ser y su propia existencia, encontró en Rusia el adversario que necesitaba para cobrar inusitada unidad y fortaleza, asumiendo escenarios de confrontación, avanzando con maniobras de respuesta rápida y militarizando su frontera oriental.

Tan grande es el efecto en la alianza producido por la guerra que Finlandia y Suecia abandonan su neutralidad de manera decidida, abriendo un nuevo frente de tensión efectiva entre la Otan y Rusia.

¿Qué puede hacer China?

Japón y Corea del Sur advierten que deben también prepararse para un futuro de confrontación global en la que la proximidad de China, el mayor poder regional, y la fragilidad del Estrecho de Taiwán encierran los mayores desafíos e incertidumbres.

Ucrania, repentinamente, alteró las políticas de defensa y de asuntos exteriores de ambos países que, aunque con cautela, sobre todo en el caso de Seúl, se han sumado a las sanciones económicas y muestran repentina moderación en el apoyo a Beijing sobre sus reclamos sobre Taiwán.

El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping
El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, y el presidente de la República Popular China, Xi Jinping (Shutterstock)

Los principios en que China estructura la dinámica agresiva en el concierto mundial (integridad territorial, no interferencia en los asuntos internos de otros estados, igualdad y mutuo beneficio, coexistencia pacífica y libre comercio) han dejado de tener vigencia universal, lo que cuestiona no sólo la dinámica de su despliegue geopolítico, sino también su alianza con Rusia, y altera su manejo de los conflictos territoriales con casi todos los 15 estados con los que limita, que toman nota con preocupación de las implicancias de la vecindad con un Estado tan poderoso que no se ajusta a criterios normativos internacionales.

Como bien afirma Ursula von der Leyen:

Este es el momento de la verdad para Europa. De la manera en que nosotros respondamos a lo que Rusia está haciendo, dependerá el futuro del sistema internacional.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea de la UE

El carácter de la unidad europea, su duración y cómo esto impactará en las relaciones intraoccidentales sin duda se irán forjando en los tiempos por venir, en los que Occidente deberá articular su supremacía militar con su fortaleza económica y tecnológica en la conformación del sistema emergente y la construcción de la paz.

La candidez humana –y la codicia– no permitió advertir oportuna y realísticamente las consecuencias de su propia dinámica que desataron esta crisis; es de esperar que, ante la gravedad, la raza humana pueda protegerse de la estupidez del poder en tiempos de peligro nuclear.

* Abogado y diplomático