Conclusiones de un argentino de a pie
Los productos químicos, sobre los que existe cierta psicosis colectiva, no son los culpables de un mal uso. Hasta los mejores medicamentos, mal empleados, matan. Patricio Watson.
Me resulta bastante difícil explicar este tema sólo desde mi pensamiento, sin el incentivo de las preguntas de alguien que quiera informarse bien. En los últimos tiempos, los productores agropecuarios estamos siendo objeto de las peores calificaciones respecto de nuestro comportamiento ambiental, debido al uso de productos químicos aprobados. Se está creando una psicosis colectiva que condena el uso de esos productos en nuestros cultivos. Esto se debe, en parte, a los dichos de expertos "doctores" que se dedican a inyectar químicos en renacuajos y concluyen que, a ciertas dosis, producen algo llamado teratogénesis (cáncer). Por otra parte, también se debe a la difusión alarmista que dan muchos periodistas, quienes no tienen la obligación de conocer estos temas pero sí la de no enloquecer a la gente desinformándola, creándole falsos temores. Contradicciones. Creo que todos esos argumentos encierran tremendas contradicciones. En primer lugar, referido expresamente al glifosato, que es el más criticado, se dice que es de gran toxicidad, a pesar de que su dosis media letal (DML) es muy alta. En segundo lugar, pasamos en 15 años de usar 30 millones de litros a 300 millones, lo que traería aparejado un aumento proporcional de daños, que en la realidad no existe; por el contrario, las estadísticas de expectativa de vida demuestran que incrementaron en la misma proporción. En ese período, en nuestro país la producción creció de 60 millones de toneladas de granos a 95 millones en el último ciclo.Me pregunto qué pasaría si continuásemos con estas campañas de vacunación de todos los renacuajos que vayan sobreviviendo a la campaña anterior, cuando les inyectemos los más modestos productos de uso doméstico que guardamos al lado de nuestras ollas, tales como limpiahornos, lavandina, quitamanchas, matacucarachas, etcétera. Lo más probable es que los pobres bichos tiendan a desaparecer y, entonces, deberíamos prohibir todo ese arsenal. Si seguimos en esa dirección, como ya está demostrado que los accidentes de tránsito son la causa de miles de muertos en las rutas argentinas, también deberíamos prohibir el uso del automóvil.Como estos ejemplos, hay miles que rebaten desde la ignorancia los más refinados argumentos científicos, pero los resultados de nuestras prácticas demuestran que cada día estamos alimentando a mayor cantidad de gente y que, además, se puede observar una lenta recuperación de especies de animales silvestres que estaban desapareciendo, como es el caso de las lechuzas y de otras especies de aves. Miedo y desconocimiento. La aversión que generan los estudios entre los habitantes urbanos hacia esos productos es cada vez mayor. Y esos informes no contemplan estadísticas de lo que ocurre entre quienes a diario convivimos con ellos, como los aplicadores, controladores y los mismos "malvados" moradores rurales; ni hablar de los obreros que trabajan en su fabricación. Por lo general, los estudios se refieren a sitios urbanos en los que, con sólo ver una máquina fumigadora, ya empiezan a sentir los síntomas de intoxicación. Estoy pensando que el objetivo final de estos estudios no es la salud que todos defendemos dándoles el uso correcto a esos productos, sino tal vez encierren algún oscuro fin y logren que dejemos de utilizarlos, con lo que conseguirían una drástica baja en la producción.Cuidar el ambiente y la salud es una obligación que tenemos todos los que trabajamos con estos productos, pero decir la verdad entera es también obligación de los que estudian y de los que difunden esos estudios. Si las conclusiones sólo sirven para generar antagonismos entre los que vivimos en distintas áreas o batallas comerciales contra algunos productos, deberíamos incluir entre los "malditos" a todos los de uso doméstico que compramos en los almacenes y, sin preocuparnos, llevamos a casa en la misma bolsa de los alimentos, a pesar de que contienen los mismos principios activos que los de uso rural.También podría ser que quieran que volvamos a producir con la azada, con lo que rápidamente nos estaríamos peleando con esas herramientas para defender lo poco que producimos. Luego, los científicos, mediante profundos estudios, identificarían el problema de la violencia en el uso de la azada, prohibiéndola con rapidez. Con las manos vacías y sin elementos para producir, todos moriríamos de hambre, pero sin agresiones. Así, no serían más necesarios ni los estudios ni los alimentos.Producir cada vez más alimentos no es producto de la ambición de los productores, sino una obligación que mana del crecimiento de la población y su consecuente necesidad alimentaria.
*Productor agropecuario, Monte Buey, provincia de Córdoba

