Temas del día:

Como las aguas, las órdenes bajan turbias

Sorprende que hombres curtidos en la política, sobrevivientes de muchas batallas y capaces de elaborar ideas propias se limiten hoy al acatamiento incondicional. Carlos Sacchetto.

19 de agosto de 2012 a las 12:01 a. m.
Como las aguas, las órdenes bajan turbias

Para sostenerse, el poder político siempre construye relaciones de disciplinada obediencia con sus adeptos. Dejando de lado los períodos dictatoriales, en los últimos 70 años de la Argentina vemos que muchas veces, y por diferentes razones, esas relaciones no llegaron a consolidarse. En ese grupo podemos incluir las presidencias de Arturo Frondizi, Héctor Cámpora, Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa o Eduardo Duhalde. En otros casos, como el de Carlos Menem, esos vínculos existieron pero fueron efímeros y de ellos nada quedó.Después de Juan Domingo Perón, que como fenómeno singular de la historia sigue todavía hoy generando adhesiones ciegas, la capacidad de disciplinamiento de su tropa que posee Cristina Fernández no la ha tenido nadie.Resulta sorprendente que hombres curtidos en la política, sobrevivientes de muchas batallas y capaces de elaborar ideas y reflexiones propias, se limiten hoy al acatamiento incondicional, no sólo de las órdenes presidenciales sino también de sus caprichos o reacciones basadas en evidente inestabilidad emocional.La mayoría de esos hombres prefieren el silencio y jamás tienen una disidencia en público, aunque sí lo hagan en ámbitos muy reservados. Otros van más allá y no dudan en asumir a pleno ese rol de obedientes acríticos. Sin límites. La Presidenta ordenó la semana pasada dar rápido tratamiento en el Senado al proyecto de ley de expropiación de la ex Ciccone Calcográfica, la imprenta que tiene a fantasmas como dueños y es objeto de una investigación judicial que involucra al vicepresidente Amado Boudou. El jueves, el cuerpo dio media sanción a la iniciativa, con el voto del bloque oficialista más el de algunos aliados, en una sesión presidida por el propio Boudou, sonriente y en actitud sobradora.Lo notable de ese día es que varios senadores que votaron de manera disciplinada por la aprobación, lo hicieron en contra de lo que venían expresando en reuniones privadas.Los más razonables sostenían que Boudou no debía presidir la sesión por estar sospechado y que lo mejor era que se excusara de hacerlo.Eso no hubiese significado admitir ninguna culpabilidad en la corrupción que envuelve al caso Ciccone, sino guardar ciertas formas relacionadas con la ética y el decoro.La presencia de Boudou y la aprobación de la expropiación sin que se conozca en forma fehaciente quiénes son los dueños de la empresa, ni sus estados contables, ni cuánto le costará al Estado, es un hecho bochornoso para el debate democrático. No se diferencia mucho del sí-porque-sí o del no-porque-no que suelen utilizarse cuando los caprichos superan a los razonamientos.Ocurrió en el Senado de la Nación, donde el multifuncional jefe de la bancada oficialista, Miguel Ángel Pichetto, coronó el debate con una felicitación a Boudou por haber estado sentado en su sillón. Igual que en los reglamentos militares, las órdenes no se discuten: se acatan.Episodios similares, en los que la mansedumbre de asumir la obediencia debida pone a los funcionarios a un paso de la indignidad, se repiten a diario. Uno de esos casos es el del cierre de la agencia regional de la Afip en Bahía Blanca.Allí había un conflicto laboral y el titular del organismo, Ricardo Echegaray, tuvo que esforzarse para lograr un acuerdo con los trabajadores. Cuando la Presidenta se enteró de que el líder sindical de los empleados respondía a Hugo Moyano, le ordenó a Echegaray bajar el acuerdo porque, dijo, "con el enemigo no se acuerda, ¿está claro?"Ante esa indicación y previendo que el conflicto se agudizaría, Echegaray optó por disolver la regional, que funcionaba desde 1969. Ahora, sus tareas serán absorbidas en Junín y Mar del Plata. Vox dei. El temor a sufrir una represalia de Cristina en sus apariciones públicas mantiene a los funcionarios atrapados en un esquema de silencio o castigo. Pero hay diferencias entre quienes se disciplinan detrás del dedo presidencial. Las quejas que se oyen de boca de los gobernadores por la falta de certezas sobre el futuro de sus crisis financieras se extienden. A la rebelión asumida por el cordobés José Manuel de la Sota, se sumó el correntino Ricardo Colombi, un aliado kirchnerista al que ahora no le atienden el teléfono en la Casa Rosada.Como además de reclamar a la Nación por incumplimientos financieros De la Sota blanqueó sus pretensiones de crecimiento político nacional, su nombre se sumó a la galería de enemigos del Gobierno, donde ya figuran Daniel Scioli y Mauricio Macri. Pero a diferencia de lo ocurrido en Bahía Blanca, cerrar provincias no será tan sencillo.