Temas del día:

China y el nuevo orden mundial

Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha tratado de mantener un sistema de control global. Pero ese proyecto no es fácil de sostener. El sistema está erosionándose. China es un protagonista –y rival– cada vez más influyente. Noam Chomsky.

18 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Noam Chomsky (Profesor del Instituto de Tecnologìa de Massachsetts)
China y el nuevo orden mundial

Entre todas las supuestas amenazas contra la superpotencia dominante en el mundo, un rival está emergiendo callado y de manera poderosa: China. El 13 de agosto último, un estudio del Pentágono expresó la preocupación de que China está expandiendo sus fuerzas militares en formas que "podrían negar la operación de los barcos de guerra estadounidenses en aguas internacionales cercanas a la costa", informó Thom Shanker en The New York Times .A Washington lo alarma que "la falta de apertura de China acerca del crecimiento, la capacidad y las intenciones de sus fuerzas militares inyecte inestabilidad a una región vital del planeta". Estados Unidos, a su vez, es sumamente abierto acerca de sus intenciones de operar libremente sobre "la vital región del planeta" que rodea a China (como en otros lugares). Además, Washington anuncia su vasta capacidad para hacerlo: con un presupuesto militar creciente que aproximadamente iguala al del resto de los países, cientos de bases militares en todo el mundo y una ventaja enorme en la tecnología de destrucción y dominio.La falta de comprensión de China de las reglas de cortesía internacional fue ilustrada por sus objeciones al plan de que el moderno portaaviones de energía nuclear USS George Washington tomara parte en julio en las maniobras conjuntas entre Estados Unidos y Corea del Sur, cerca de la costa de China, con una supuesta capacidad de atacar Beijing.En contraste, Occidente comprende que tales operaciones estadounidenses se llevan a cabo para defender la estabilidad y su propia seguridad. Estabilidad/dominio. El término "estabilidad" tiene un significado técnico en el discurso de asuntos internacionales: dominio de Estados Unidos. En consecuencia, nadie eleva las cejas cuando James Chace, ex editor de la revista Foreign Affairs , explica que, con el fin de tener "estabilidad" en Chile en 1973, era necesario "desestabilizar" al país, derrocando al gobierno elegido del presidente Salvador Allende y colocando al general Augusto Pinochet. Éste procedió a matar y torturar e imponer una red de terror que ayudó a establecer regímenes similares en otros países, con el apoyo estadounidense, en pro de la estabilidad y seguridad. Es rutinario reconocer que la seguridad de Estados Unidos requiere del control total. La premisa recibió el tono académico del historiador John Lewis Gaddis, de la Universidad de Yale, en Sorpresa, seguridad y la experiencia estadounidense, en el que investiga las raíces de la doctrina de guerra preventiva de George W. Bush.El principio operativo es que la expansión es "la ruta hacia la seguridad", una doctrina que Gaddis remonta al ex presidente John Quincy Adams, autor intelectual del "destino manifiesto", que justificó la ocupación de México.Cuando Bush advirtió que "los estadounidenses deben 'estar listos para la acción preventiva cuando sea necesario para defender nuestra libertad y defender nuestras vidas' –señala Gaddis– se estaba haciendo eco de una antigua tradición más que estableciendo una nueva", lo que reitera principios que presidentes desde Adams hasta Woodrow Wilson "hubieran entendido... muy bien". Igualmente los sucesores de Wilson, hasta el actual. La doctrina del presidente Bill Clinton era que EE.UU. tiene derecho a emplear la fuerza militar para asegurar "el acceso no inhibido a mercados clave, reservas de energéticos y recursos estratégicos", sin necesidad de idear pretextos del tipo de los de Bush.Como lo sabe cualquier don de la mafia, incluso la ligera pérdida de control podría llevar a la pérdida del sistema de dominio de otros, que serían alentados a seguir la misma ruta. Este principio central de poder está formulado como la "teoría dominó", en la lengua de los formuladores de política, que en la práctica es el reconocimiento de que el "virus" del desarrollo exitoso independiente podría "esparcir contagio" en otras partes y, por lo tanto, debe ser destruido, mientras las víctimas potenciales son vacunadas, de hecho mediante dictaduras brutales. China crece. Según el estudio del Pentágono, el presupuesto militar de China creció a unos 150 mil millones de dólares en 2009, acercándose a "una quinta parte de lo que el Pentágono gastó para operar y llevar a cabo las guerras en Irak y Afganistán" en ese año, lo cual, por supuesto, es sólo una fracción del gasto militar estadounidense. Las preocupaciones norteamericanas son comprensibles si uno toma en cuenta la suposición –virtualmente no cuestionada– de que Estados Unidos debe mantener "un poder incuestionable" sobre buena parte del mundo, con "supremacía militar y económica", al tiempo que asegura la "limitación de cualquier ejercicio de soberanía" de Estados que pudiera interferir con sus planes globales. Esos fueron los principios establecidos por los planificadores de alto nivel y expertos en política exterior durante la Segunda Guerra Mundial, al desarrollar el marco del mundo de la posguerra, que en gran parte fue instrumentado.Estados Unidos debía mantener este dominio en una "gran área" que, cuando menos, debía incluir el Hemisferio Occidental, el Lejano Oriente y el ex imperio británico, incluyendo los vitales recursos energéticos del Oriente Medio.Conforme Rusia empezó a pulverizar a los ejércitos nazis después de San Petersburgo, las metas de la "gran área" se extendieron para abarcar tantos espacios de Europa y Asia como fuera posible. Siempre se entendió que Europa podía seguir un rumbo independiente; quizá la visión de Charles de Gaulle de una Europa desde el Atlántico hasta los Urales. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) tenía en parte la intención de contrarrestar esa amenaza y la cuestión sigue muy vigente al incluir la Otan a una fuerza de intervención –dirigida por Estados Unidos–, responsable de controlar la "crucial infraestructura" del sistema de energía del que depende Occidente.Desde que se convirtió en la potencia dominante global durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha tratado de mantener un sistema de control mundial. Pero ese proyecto no es fácil de sostener. El sistema está erosionándose de manera visible, con implicaciones significativas para el futuro. China es un protagonista –y rival– cada vez más influyente.© The New York Times Sindycate y La Voz del Interior