Debate ¿Dónde está el castigo para los ingenieros de la exclusión argentina?
Retocar el régimen penal de menores era una buena oportunidad para meditar sobre el fondo de la cuestión, pero parece que la oportunidad se volverá a perder.
La sociedad argentina está conmocionada por algunos casos de delitos graves cometidos por adolescentes no imputables, menores de 16 años, y por lo tanto su clase dirigente política y operadores mediáticos le ofrecen, para compensar la conmoción, una medida legislativa que implica disminuir a 14 años la imputabilidad penal atenuada que ya tenían los menores de 16 a 18 años.
Retocar el régimen penal de menores era una buena oportunidad para meditar sobre el fondo de la cuestión, pero parece que la oportunidad se volverá a perder.
Miles de preadolescentes y adolescentes argentinos, habitantes generalmente en barrios muy humildes, son agredidos por el narcotráfico, que los utiliza como mano de obra esclava para la venta y, por supuesto, como cuerpos consumidores descartables de estos venenos neurológicos.
Miles de preadolescentes y adolescentes argentinos son encontrados por el narcotráfico y el crimen organizado en general, antes que ellos puedan conocer su proyecto de vida.
Graves problemas sociales
El consumo de drogas y el delito en general aparecen ante ellos como un seudoproyecto de vida antes de que la comunidad sea capaz de intentar incluirlos. En la provincia de Córdoba, el narcotráfico gozó de protección política en algunos períodos, lo que me cansé de denunciar.
El sistema educativo formal no basta para mostrar un proyecto de vida saludable y alternativo para estos jóvenes, que viven en familias en las que no han visto trabajar a sus padres ni a sus abuelos.
Jóvenes que no han sido alimentados de manera adecuada en los primeros cinco años de su vida y, por lo tanto, no están en condiciones tampoco de afrontar el desenvolvimiento normal de un proceso educativo.
Terminado el tratamiento de esta ley, como siempre sucede, esos miles y miles de niños seguirán excluidos y abandonados a su suerte.
Nadie los llevará a visitar fábricas ni sistemas productivos. Nadie los llevará a visitar centros de enseñanza en oficios o les mostrará carreras cortas que faciliten el acceso al mundo del trabajo.
Nadie les mostrará las bellezas y las posibilidades de la provincia y del país del que son ciudadanos, y su mundo quedará reducido al pequeño perímetro de su lugar de exclusión, donde la presencia del Estado cada vez es menor. Cuando salgan de allí, será sólo para agredir.
Nadie les mostrará la riqueza cultural y artística de la Argentina. No sabrán de poesía, teatro, pintura ni escultura, ni la historia de la patria donde nacieron.
Muertos en vida
Mientras todo esto sucede, la dirigencia de nuestro país habrá creído que el tema está resuelto y será una mentira más.
Estos jóvenes serán muertos en vida, con un destino muy similar a los niños nacidos sin vida, ya que, por la ley del aborto, nueve mil niños por nacer son ultimados anualmente sólo en el sistema público de salud de nuestra provincia, abortos que se realizan con la mayor irresponsabilidad del Estado, que hace nada o muy poco para proteger a esas madres.
Más aún, hay centros de salud en nuestra provincia donde una madre primeriza va feliz a su primer control de embarazo y un sistema institucional cruel y bárbaro, especialmente en Córdoba, le pregunta de entrada si lo quiere tener o no, cuando la destrucción del niño no es la intención original e inicial de la madre.
Es cierto que el que las hace, las paga. Pero no todos los que hacen, pagan. ¿Dónde está el castigo para los ingenieros de la exclusión social en nuestra patria?


