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Camino a la ruptura del contrato social

La crisis hizo emerger a un sector social –con predominio de jóvenes– profun­damente degradado por el alcohol, las drogas y la falta de educación, de trabajo digno y de cualquier otro medio de contención social.

20 de diciembre de 2013 a las 12:02 a. m.
Patricio Giusto*
Camino a la ruptura del  contrato social

Toda sociedad civilizada, desde la antigüedad hasta nuestros días, basa su convivencia pacífica hacia el interior de los límites del Estado en el reconocimiento primigenio de algo que podríamos sintetizar como “contrato social”.

Puede decirse que ese contrato es un pacto tácito que emana de la naturaleza social del hombre. Representa una serie de principios tan básicos como incuestionables, que no necesitan ser acordados de manera expresa.

Al organizarse en estados, las sociedades toman como base esas pautas fundamentales para la conformación de un determinado gobierno y la fijación de ciertas leyes.

Uno de los principios más primitivos y elementales de todo contrato social es la no agresión indiscriminada. En condiciones normales, ningún ser racional debiera agredir a otro sin mediar un justificativo, sea este válido o no.

En la Argentina de diciembre de 2013, que festeja 30 años del retorno a la democracia –incluidos 10 de la llamada “década ganada”–, se quebró esa premisa básica del contrato social.

Durante los recientes saqueos, se pudo contemplar cómo individuos atacaban a otros y a sus bienes sin ningún tipo de razón o justificativo. Algunos saquearon por delinquir, los menos por necesidad; lo cierto es que en muchos casos se trataba simplemente de agredir y destruir sin causa aparente.

Está claro que estas acciones vandálicas fueron posibles ante la ausencia total del Estado, producto a su vez de la incapacidad de los gobiernos para reaccionar y ponderar a tiempo la gravedad de los acontecimientos derivados de la huelga policial.

Pero no alcanza con identificar el detonante, o causas más coyunturales del suceso, como la inflación y la situación salarial de las fuerzas de seguridad. Para poder comprender realmente lo que nos está pasando y salvar el contrato social, mucho tenemos que preguntarnos acerca de cómo pudimos llegar a un punto donde masas de individuos agreden a otros de manera irracional.

Mi hipótesis es que la crisis hizo emerger a un sector social –con predominio de jó­venes– profundamente degradado por el ­al­co­hol, las drogas y la falta de educación, de trabajo digno y de cualquier otro medio de contención social.

En ese sentido, la escalada de violencia y barbarie en las canchas de fútbol venía preanunciando lo peor.

De cara al futuro, no se puede seguir desviando el eje de la cuestión, echando culpas y elucubrando sobre supuestas conspiraciones.

Empecemos a reconocer con dolor, pero sobre todo con sentido de responsabilidad ciudadana, que hemos alcanzado un punto de decadencia social inédito.

La aceptación de esa cruda realidad es el paso fundamental para evitar la definitiva ruptura del contrato social, lo que podría sumirnos en la anarquía.

*Licenciado en Ciencias Políticas