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El cambio está en marcha

El cambio está en marcha, aunque ya no cuente con el efecto sorpresa y los gobiernos obstaculicen el acceso a Internet y estén dispuestos a reprimir. Emilio Alejandro Rufail.

30 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
Emilio Alejandro Rufail*
El cambio está en marcha

Nada de lo que sucede en el mundo árabe nos puede ser indiferente. El proceso de cambio que se viene desarrollando y que provocó la caída de los presidentes Ben Ami, de Túnez, y Hosni Mubarak, de Egipto, tuvo un efecto contagio, que desató una guerra civil en Libia y protestas en el resto del mundo árabe –Jordania, Yemen, Argelia, Marruecos, Arabia Saudita, los países del Golfo y, en menor medida, Siria– y amenaza extenderse a otros países islámicos pero no árabes, como Irán. Está motivado por una combinación de factores políticos, económicos, sociales, religiosos y tecnológicos. En cada uno de esos países opera de una manera diferente, ya que sus problemáticas internas tienen sus propias particularidades. Los países árabes comparten en su mayoría una serie de líderes que se han perpetuado en el poder, en algunos casos simulando ciertos ritos democráticos, pero gobernando con gran autoritarismo. Su permanencia estuvo asegurada por la práctica sistemática del fraude electoral y el uso intensivo de la delación, que aseguraban el control político y social, evitaban el surgimiento de protestas y desarticulaban cualquier intención real de oposición, violando los derechos humanos de los que desafiaran al poder y al orden establecidos. También la legitimad de las monarquías árabes está siendo impugnada por sus sociedades. No tan exitosos. Ninguno de los liderazgos de esos estados, algunos de los cuales poseen grandes recursos naturales, como gas y petróleo, logró un desarrollo económico o social sustentable que amerite considerarlo exitoso. Esos regímenes tienen un denominador común, la corrupción, que ha permitido a estos gobernantes y a sus familias apoderarse literalmente de la riqueza de sus respectivos países.En el plano social y económico, las sociedades árabes están compuestas mayoritariamente por una población joven –representa alrededor del 60 por ciento, con una edad promedio inferior a los 30 años–, la cual es portadora de un sentimiento de frustración de larga data. Éste se ha transmitido por generaciones y ha sido provocado por la falta de oportunidades, fruto de economías estancadas, con altos índices de pobreza y desocupación e inflación creciente, que determinó fuertes alzas en los precios de los alimentos (motivo del comienzo de esta serie de revueltas) y sin espacios para la libertad política ni de expresión.La juventud de los países árabes, que fue la responsable de articular el espíritu de cambio, se valió de la tecnología para organizarse y difundir sus ideas. El uso de Internet y las redes sociales derribó muros que impedían saber qué sucedía en otros lugares del mundo y, en contraposición, conocer que existen libertades que no puede disfrutar.El factor religioso ejerce una influencia concreta; existen dentro del Islam tendencias radicalizadas que podrían frustrar los anhelos de libertad. Nadie puede ignorar, entre otras, a organizaciones como Al Qaeda, que se aprovechan del descontento popular para reclutar seguidores, buscando instaurar regímenes islámicos en la región. Los líderes de Estados Unidos y la Unión Europea hacen un uso hipócrita de la defensa de los derechos humanos y del interés en difundir la democracia. El cambio está en marcha, aunque ya no cuente con el efecto sorpresa y los gobiernos obstaculicen el acceso a Internet y estén dispuestos a reprimir sin límites a los manifestantes. La democracia occidental requiere del surgimiento de una cultura política democrática y de un proceso de secularización, que modere la importancia del factor religioso en esas sociedades.

* Docente de la UCC; especialista en estudios árabes